– Día 1 –

Yahvé

Jesús es eterno

“Antes que Abraham fuese, Yo Soy.” — Juan 8:58

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Cuando alguien te pregunta quién eres, ¿qué respondes? Tal vez digas tu nombre, tu edad, si estás casado, si tienes hijos o a qué te dedicas. Pero cuando Moisés le hizo esa misma pregunta a Dios —“¿Quién eres?”— la respuesta fue extraña y, podríamos decir, difícil de entender. Dios le dijo: “Yo Soy el que Soy.”

No mencionó su edad, su origen ni una descripción; simplemente dijo: Yo Soy. El nombre de Dios, Yahvé, significa precisamente eso: el Dios que siempre ha existido. Una frase tan simple y, a la vez, tan infinita. Con esas palabras, Dios reveló que no depende del tiempo, de una historia o de una etiqueta. Él es. Siempre ha sido, siempre es y siempre será.

En Navidad recordamos que ese “Yo Soy” tomó forma humana. Jesús no comenzó a existir en Belén; el Dios eterno decidió habitar entre nosotros. El “Yo Soy” del Antiguo Testamento se acostó en un pesebre, respiró nuestro aire y caminó nuestras calles.

Cuando todo cambia, cuando no sabes quién eres o hacia dónde vas, recuerda que tu fe no está puesta en alguien pasajero. Jesús no tiene principio ni fin. Él es el mismo ayer, hoy y siempre.

En Navidad adoramos al Dios eterno… que eligió entrar en el tiempo por amor a ti y a mí.

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Actividad familiar

“La corona eterna”

Hagan juntos una corona navideña (o usen una que ya tengan).

En familia hablen de cómo la forma circular representa la eternidad: sin principio ni fin.
Cada uno escribe una palabra sobre quién ha sido Dios para él este año y la coloca en la corona.