–Día 7–

Tsidkenu

Jesús es mi Justicia

“Este será su nombre con el cual será llamado: Jehová Tsidkenu, el Señor, justicia nuestra.” — Jeremías 23:6

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En Navidad solemos pensar en un pesebre, en un bebé envuelto en pañales, en una escena tierna y tranquila.
Pero pocas veces recordamos la profundidad que hay detrás de esa imagen.
Lo que realmente sucedía en Belén era el inicio del intercambio más grande de la historia: el justo nacía para cargar con la injusticia del mundo.

Jeremías había profetizado siglos antes que vendría un Rey llamado Yahvé Tsidkenu, “El Señor, justicia nuestra.”
Ese título se cumplió en Jesús.
El que no conoció pecado vino a llevar el nuestro, a quitarnos la ropa sucia y a vestirnos con Su justicia.
El inocente se hizo culpable para que los culpables pudiéramos ser libres.

El bebé del pesebre no vino a conmovernos; vino a salvarnos.
Porque gracias a Él, ya no hay condenación: lo torcido se endereza, el culpable es perdonado y lo que estaba perdido es encontrado.
Lo que nadie podía hacer por nosotros —declararnos justos ante Dios Padre— Jesús, Dios Hijo, lo hizo, desde que nació hasta que resucitó treinta y tres años después.

Esta Navidad, recordemos:
El Niño del pesebre encierra una verdad profunda…
vino a traer justicia eterna al mundo.

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Actividad familiar

“Regalos que cambian el corazón”

Den a cada miembro un regalito pequeño (puede ser un dulce).
Antes de abrirlo, reflexionen:
“Este regalo me recuerda que Jesús me dio lo que jamás podía ganarme: Su justicia.”
Cada uno menciona una forma en la que Jesús lo transformó este año.