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21 12, 2018

Carta para ti, yo no te he olvidado

2019-09-09T00:15:06-05:0021 diciembre, 18|

Hola.

Cuando supe que tu cabecita estaba siendo atacada por esta enfermedad, no dudé en ningún momento en aprender sobre ella todo lo que me fuera posible. Quería entender el comportamiento que a partir de entonces ibas a tener. Quería saber todo lo que el Alzheimer te iba a deparar. Tú y yo siempre hemos estado muy unidos, y por lo tanto no era justo que ahora estuvieras tú solo, ante tu enfermedad.

Poco a poco, fui aprendiendo que llegarías a convertirte en un niño, pero la diferencia estaba en que, así como un pequeño aprende momento tras momento, paso a paso, tú ibas a recorrer de vuelta todo el trayecto que en tu vida habías realizado.

Y aprendí qué harías muchas cosas incomprensibles para los que te rodean, que tus ojos irían perdiendo ese brillo que a todos nos da el diario vivir, porque ibas a comenzar otro largo viaje.

Sé que esto va a ser difícil, incluso ya me duele ver tu desesperación cuando te das cuenta de todas las limitaciones que cada día surgen. Y no es fácil sonreír ante tus confusiones y despistes, es duro aparentar que no me doy cuenta de que incluso ya te cuesta mucho mantener conversaciones conmigo.

Siempre he dicho que la vida es una carrera y que debemos seguir corriendo, a veces simplemente caminando, hasta alcanzar la meta. Sabes que si estuviera en mi mano yo correría esta carrera por ti, pero eso no es posible, es la tuya y yo lo único que puedo hacer es correr a tu lado, ser tu apoyo.

Quiero que llegues a la meta sin que dejes de sentir cuanto te amo y a pesar de que sé que llegará el momento en que ni siquiera me reconozcas, quiero que estés seguro de que siempre podrás sostener mi mano.

La memoria puede olvidar, pero los corazones no, y los nuestros estarán juntos para toda la eternidad. Que Dios me dé vida y sabiduría para cuidarte.

Te amo, no importa cuando leas esto…siempre será así.

 

Adaptado de : Alicia Ruiz – Profile.

22 11, 2018

Carta a mi hijo mayor

2019-07-07T23:43:31-05:0022 noviembre, 18|

Tú fuiste el primero.
Fuiste el primero en escuchar mi corazón desde adentro, seguro sentías cuando se aceleraba de la emoción de escuchar el tuyo en una ecografía, sentías mis emociones como tuyas propias y fuiste la razón para calmarme durante esos nueve meses.
Fuiste el primer recién nacido que tuve en mis brazos. A pesar de ser el primero no tuve miedo de cargarte, eras mío y mi cuerpo se sentía ya preparado para protegerte.
Fuiste el primer ser humano a quien bañé, el primer pañal que cambié fue el tuyo.
Fuiste ese instrumento que Dios me dio para entender a mis propios padres.
Fuiste el primer ser que amé sin conocerlo y ese amor no ha hecho sino crecer durante estos años.
Fuiste quien me puso mi nuevo nombre, “mamá”, y me hace sentir orgullosa de llevarlo.
Fuiste la razón por la que mi vida cambió y no te puedo estar más agradecida.

Gracias.
Gracias por enseñarme el amor.
Gracias por hacerme una mejor persona.
Gracias por ayudarme a entender el amor de Dios.
Gracias por mirarme y por hacerme olvidar de cualquier tristeza o rabia que esté sintiendo.
Gracias por confiar en mí y haberme escogido como tu mamá.
Gracias por entregarme tu vida y darle un nuevo significado a la mía.
Gracias por ser un eterno enamorado de mí, sin importar que esté en el baño, tus abrazos nunca serán inoportunos.

Gracias por amar a tus hermanos.
Gracias por agarrarme la mano cuando vamos en el carro.
Gracias por esos “Te amo, mamá” que sé que te salen del alma.
Gracias por comprender que ahora no soy exclusivamente tuya.

Perdóname.
Por las veces que pierdo la paciencia y me enojo contigo.
Porque no puedo dedicarte ni la mitad del tiempo que te dedicaba antes.
Por no pasar contigo esas horas interminables de juegos y desorden.
Por no poder cargarte todas las veces que me has pedido que lo haga.

Siempre vas a ser el primero, siempre serás mi primer gran amor, y quiero que sepas que gracias a ti me estrené una parte de mi corazón que no había conocido jamás, y esa parte SIEMPRE será tuya.

Te amo.

Tomado y adaptado de: Sos mamá por primera vez /web

8 05, 2018

Gracias MAMÁ

2018-05-08T09:09:11-05:008 mayo, 18|

Cuando era niña creía que eras una especie de superheroína, de eso ya hace mucho tiempo, hoy estoy plenamente convencida de que lo eres. Titulada en amor, en cada momento te has hecho cargo de mis heridas en las rodillas y en el corazón, curando con tus besos todos mis dolores.

Mamá, fuiste mi niñera, mi enfermera, mi confesora, mi maestra, mi eterna compañía. Siempre has sabido cómo sellar mis desvelos y mis preocupaciones, algún día me contarás cómo adquiriste esa gran habilidad.

Eres fuerte, aunque a veces te sientas vencida, veo en tus ojos que las batallas del día a día y de la vida nunca te han doblegado. También sé que ya nunca lo harán, porque tu valentía y tu fuerza han servido para sacar adelante a una familia, eso tiene un poder inmenso.

Tu amor es el culpable de que no me conforme con cualquier cosa, de que siempre quiera más y de que necesite reaprender a mirar la vida con cada puesta de sol. Has predicado con tu ejemplo los valores más importantes que hoy tengo y que siempre conservaré: a amar con todo mi corazón, a tener una mano para dar y otra para recibir, a ser humilde y a sentirme orgullosa de mí misma y de mi familia.

Has luchado contra viento y marea, has calmado las más siniestras tempestades y aunque te haya hecho daño con mi indiferencia o mi inconsciencia muchas veces, siempre he tenido un hueco para cobijarme a medio camino entre tu corazón y tus brazos.

Gracias a ti hoy sé que mis logros me pertenecen y que mis sueños no tienen fecha de caducidad. Y cuando más pequeña me he sentido, más me has acurrucado, llenando con tus besos el vacío que la desesperación provocó. Gracias por colmarte de paciencia a la hora de hacerme ver mis errores y por tener esa fuerza sobrehumana con la que siempre consigues descargar mi espalda para que no sufra.

Eres mi mayor privilegio y mi mejor regalo.

Porque has aprendido a hacer todo con una sola mano, porque has “dormido” con un ojo abierto hasta que has oído que llegaba a casa después de una salida,  porque me has dado tu trozo de pastel, porque te has aprendido el nombre de cientos de muñecos, porque has tenido la paciencia de conocerme hasta saber qué es lo que pienso y siento.

Gracias por ser la maestra de mi vida, por convertirte en mi ángel, por hacer mi carga más ligera, por entregarme tu corazón lleno de amor verdadero y darme el impulso para alcanzar lo imposible. Dios te bendiga, te recompense y te tenga a mi lado, el mayor tiempo que pueda.

Te amo.

Tu hija.

¡Que bueno que llegaste hasta aquí!

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