27 08, 2018

Barreras que nos impiden un nuevo comienzo

2018-08-27T09:50:40-05:0027 agosto, 18|

Un nuevo comienzo ¿qué traen a tu mente estas tres palabras? Para mí, significan mucho por la posibilidad de hacerlo todo diferente, corregir errores y sobre todo mejorar para crecer.

A veces luchamos con sentimientos de frustración porque no logramos completar una lista de tareas que son necesarias en casa, en el trabajo, en la escuela de los hijos, en la Iglesia y otros ámbitos en los que nos desarrollamos. Pero la frustración es una emoción que daña nuestra autoestima, mina las relaciones con las personas cercanas a nosotros y no nos permite avanzar.

No soy experta virando la página cuando las cosas no me salen como lo he planificado, pero me siento desafiada en esta área todo el tiempo. Quiero compartirte algunas de las barreras que me han impedido crecer, pero que poco a poco las voy superando y anhelo que tú también puedas hacerlo.

  • La barrera de la perfección: El perfeccionismo hace daño a nuestros hijos porque no existe un límite y podemos herirlos con nuestras palabras o actitudes buscando que ellos sean perfectos. Sembremos en la excelencia de sus acciones, eso trae la tranquilidad que necesitan para crecer saludables en sus emociones.

 

  • La barrera de la comunicación: “Nosotras” tenemos que decir cuando algo está mal, cuando estamos incómodas, porque el quedarnos calladas no soluciona el problema. Por su supuesto que debemos buscar el mejor momento para contar lo que nos pasa, para evitar que se nos pase la mano de pronto con un enojo.

 

  • La barrera de súper mamá: Sí, lo haré yo… Está bien, me encargo del postre… Sí, podemos ir a comprar esto ahora y bañar a los chicos mientras se lava la ropa y prepara la comida para papá… ¡No! Hay algo a lo que debemos decir no, el tratar de cumplir todo es una señal de orgullo.

 

  • La barrera de la tolerancia: Tenemos un mundo de pendientes por cumplir, pero las demás personas no tienen nada que ver con esa lista interminable, aprendamos a ser tolerantes y respirar profundamente si hay personas que se demoran un poquito más de lo esperado. La paciencia es una virtud que merece ser aprendida.

 

  • La barrera del cambio: Aunque veamos que esto sea muy difícil, a veces imposible, cambiar si es posible, no te des por vencida porque Dios está trabajando en ti para crecer y madurar en tu maternidad.

 

Cada una de estas barreras las vivimos de manera diferente, de acuerdo a tu personalidad y los ámbitos en los que te desarrolles. Lo importante es que la frustración no sea un estado permanente de tu vida. Confía en que Dios puede cambiarte, cada día, un poquito a la vez. No he experimentado una sensación más tierna que el abrazo de mis nenas cuando les pido perdón, sobre todo porque sus brazos me convencen de la oportunidad que tengo para comenzar de nuevo y evitar cometer los mismos errores.

 

Manuela Dávila

HCJB

11 01, 2018

¿Basta ponerse en tus zapatos?

2019-07-07T04:53:30-05:0011 enero, 18|

“Cuando entiendas que hay otra forma de ver las cosas entenderás el significado de la palabra tolerancia”

Fue una de las frases más destacadas de un líder religioso,  ganador del premio nobel de la paz. Entonces mi mente desencadenaba muchas incógnitas, quizá estoy divagando (dije) pero qué difícil es poder ponerme en los zapatos de la señora que vende fritada en la calle, el niño que vende frunas, el chofer que va a toda velocidad y que en el acelerador desquita todo el enojo que tiene y a su vez maltrata a los tripulantes del colectivo. Tal vez cada una de estas personas tienen sus propias historias, quizá ellos están viendo desde un lado diferente las cosas.

Esto lo pude palpar cuando vi discutir a dos personas. El uno le gritaba desde el carro: “Oye, fíjate en el semáforo ¿acaso quieres que te atropelle?” Mientras el peatón le gritaba frases adornadas con palabras obscenas lo siguiente: “Fíjate tú, o ¿estas ciego?, respeta la luz verde”

La pelea fue tan escandalosa que incluso las personas de los negocios aledaños salieron a informarse (chismosear). Todos estábamos expectantes al ver de qué manera acabaría esta pelea pues ambos señores hablaban como si tuvieran la razón. El señor que estaba en el carro aceleró hablando mal de la mamá del peatón. Solo pasó unos cuantos segundos para poder descubrir que el semáforo se había dañado y que permanecía la luz verde tanto para los peatones como para los conductores.

Entonces la única luz roja que se encendió allí fue la cara del señor, quien se sentía apenado en haber hecho tanto escándalo por algo que no valía la pena. Solo era cuestión de tomarse unos cuantos segundos para mirar desde el lado del “otro”. Entonces mi cabeza conectó la anterior frase que estaba pensando a otra, una que salió de la boca de un carpintero hace más de dos mil años: Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen. (Mt 5:43)

Ponernos en el lugar de alguien que jamás nos ha hecho daño es fácil, pero ponerse en los zapatos de un cliente enojado, un hermano que se te puso la chompa que tanto quieres sin tu permiso, de tu mamá que no te dejó salir a esa fiesta o tu conyugue que hizo algo que no te gustaba a espaldas tuyas. Eso es lo difícil y a eso se refería el Príncipe de paz cuando soltó esta frase, logrando romper el molde que se tenía acerca del amor. Aquel amor que ahora nos venden las películas de Hollywood: superficial, mágico, fácil y trivial.

Si el secreto para ser tolerante es tan fácil como ocupar por unos segundos el lugar del otro, entonces ¿por qué vivimos en mundo lleno de desacuerdos, guerras, conflictos y religiones? Tal vez entendimos la primera parte , pero Jesús nos reta a ir mas allá, nos hace comprender que no solo se trataba de ponernos en los zapatos de quien nos hizo daño, pues una vez ahí seguirás odiándolo de la misma manera. Entonces: ¿cómo voy más allá?

Para lograrlo, nos basta mirar a un hombre que había hecho entrega de su vida para beneficio de sus enemigos, orando para que los alcanzara el perdón. Con tan solo mirar la cruz nos debería bastar el más grande ejemplo de tolerancia y amor, pues aun siendo culpables de muerte hubo alguien que miro más allá de nuestros errores, directo a un corazón arrepentido. Descubriendo entonces que yo también al igual que Él lo hizo conmigo, amaré al prójimo como a mí mismo.