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7 06, 2018

¿Por qué los hombres son reservados?

2018-06-07T08:56:38-05:007 junio, 18|

Los hombres rara vez hablan abiertamente de ninguna cosa muy personal, ni expresan libremente sus emociones. Aunque la mayoría de los hombres lo negarían categóricamente, sufren igual que las mujeres el efecto de las pérdidas, el rechazo y el fracaso. Pero es probable que ellos cubran sus heridas y aguanten su dolor, mientras las mujeres encuentren más fácil enfrentar sus heridas y exteriorizar su dolor. Debido a esto, los hombres tienden a experimentar más tiempo su sufrimiento y sus heridas emocionales no sanan por completo.

 

A veces tratan de mitigar sus heridas con el trabajo y/o las distracciones. El hombre no se siente cómodo hablando de su dolor porque lo ve como una señal de fracaso o incompetencia. Consideran que hablar de sus dificultades es arriesgarse a ser avergonzados y a perder el respeto. En vez de sacar a relucir sus heridas y fracasos, se enojan, controlan o exigen. Cuando se sienten vulnerables es cuando a menudo se vuelven más defensivos. Por ello la mayoría de los hombres suelen rechazar cualquier forma de consejería, a menos que las cosas se hayan salido de control y parezca no haber otra opción.

 

En todo caso, aunque no se muy natural en el hombre expresar sus emociones, es terapéutico compartir los problemas personales con amigos, maduros en su carácter, que lo puedan ayudar. La Biblia lamenta que un hombre no recurra en apoyo cuando lo necesita, por ello inspiró al sabio Salomón a decir: “¡pobre del que cae y no tiene quien lo ayude a levantarse!” Eclesiastés 4:10 TLA.

28 03, 2016

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2019-07-07T04:56:34-05:0028 marzo, 16|

15 años, son bastantes, cuando empecé a caminar me imaginaba lo increíble que debía ser tener un año de seguir a Cristo, me parecía una eternidad cumplir 5 años de fe y mis ojos veían con reverencia a quienes decían tener más de 10 años en el camino. Ahora pienso que la reverencia estaba más que justificada.

No es un camino fácil, los obstáculos, las tentaciones, las decepciones, el mal clima, los ladrones, el cansancio, la sed y el hambre han sido y son frecuentes, esta senda angosta no se sube sola, y no puedo decir que falta poco pues lo único que alcanzo a ver es el recodo que esta frente a mí.

¿Será que al pasar la siguiente curva estará la meta? Tal vez si o tal vez no, pero estoy totalmente seguro de dos cosas:

La primera es que hay una meta y en ella está parado Jesús con sus brazos abiertos esperándome.

La segunda es que el camino que ya caminé era necesario caminarlo, no había atajos ni era una opción, era un camino que yo necesitaba caminar si quería llegar a la meta.

¡Estoy muy feliz por el camino recorrido! Es mucho más lindo verlo en retrospectiva, los dolores y obstáculos ya superados no se sienten, la satisfacción de haberlos superado es embriagadora, los frutos son maravillosos, si hubiese sabido lo gratificante que sería tal vez lo hubiese disfrutado más. ¡Estoy feliz de estar aquí! Estoy 15 años más cerca de mi meta, más cerca de poder ver cara a cara y conocer a Jesús como él me conoce.

A esto se refería Pablo cuando escribió en el libro a los romanos el siguiente texto:

Hagan todo esto estando conscientes del tiempo en que vivimos. Ya es hora de que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos. La noche está muy avanzada y ya se acerca el día. Por eso, dejemos a un lado las obras de la oscuridad y pongámonos la armadura de la luz. (Romanos 13:11-12)

No sé en qué parte del camino estoy, si en la mitad, en la quinta parte o al final, no sé si ya he pasado lo mas difícil o si habrán momentos peores y dolorosos,  pero estoy agradecido por lo que ya está caminado, seguramente esa ha sido la preparación para lo que está por venir.

Hoy tengo más fuerzas que al inicio y sé que nada se comparará a la dicha de llegar a la meta y tomar mi premio, un premio eterno por el que vale la pena vivir y morir diez vidas, mil vidas, mi premio es Jesús. Ya se acerca el día, así que le saco brillo a mi armadura, ajusto bien los cordones de mis tenis y sigo caminando, llegaré. Te animo a que hagas lo mismo.

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