3 07, 2021

En nuestra angustia Dios nos responde

2021-07-03T21:48:10-05:003 julio, 21|

¿Ha leído la historia de Michael Packard, un buzo de langostas de 56 años de Cape Cod, quien se está recuperando en el hospital después de ser tragado por una ballena? Al principio, él pensó que estaba siendo atacado por un tiburón. Pero luego se dio cuenta de que el animal no tenía dientes. Después de varios segundos de malestar, tanto suyo como de la ballena, el cetáceo salió a la superficie y lo escupió. Definitivamente es un «Jonás y la ballena» de hoy en día.

Jonás terminó arrojado por la borda al mar por marineros paganos, asustados por una gran tormenta. Pero esa no es la parte más notable de la historia. Es la oración de Jonás mientras estaba en el vientre del pez:

Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde dentro del pez, diciendo:

“En mi angustia clamé a ti, Señor, y tú me respondiste. Desde las profundidades de la muerte clamé a ti, y tú me oíste”.Jonás 2: 1-2 (DHH)

Si leemos atentamente las palabras de Jonás, hay tres detalles asombrosos que pueden transformar nuestra vida para siempre.

Primero, Jonás clamó al SEÑOR. En todo el Antiguo Testamento, con frecuencia se hace referencia a Dios como «SEÑOR». Esta es la forma en la que los editores de la Biblia nos ayudan a identificar dónde el texto hebreo usa el nombre del pacto para Dios: Yahveh. ÉL es el fundamento de las promesas hechas a Abraham, Moisés y David. Habla de la fidelidad eterna e inmutable de Dios, el amor, la misericordia, la compasión, la gracia, la rectitud, la justicia, la santidad y la totalidad de la naturaleza y el carácter de Dios. ESTE es el Dios a quien Jonás clamó. Oró al Señor, su Dios.

La segunda, es cómo Jonás describe al SEÑOR: “oró al SEÑOR su Dios”. Esto no solo identifica que Yahweh era la deidad elegida por Jonás entre la multitud de deidades disponibles para ser adoradas. El pronombre sugiere una relación con este Dios a nivel personal. Había una relación entre Jonás y Yahvé. Aunque Jonás no es fiel a esta relación, su Dios Yahvé sí lo es. Yahweh proporciona un barco tripulado, una tormenta, un pez grande, la voluntad de los marineros de arrojar a Jonás por la borda, una playa, una planta y, en última instancia, una respuesta positiva a la predicación de Jonás, aunque ese no era el resultado deseado por Jonás. Dios está atento y comprometido con cada detalle de Su orden creado. A esto lo llamamos providencia. Y Dios no ha cambiado. A pesar de nosotros mismos y de nuestra infidelidad a nuestro Dios, Yahvé, Él permanece fiel a nosotros, alerta y comprometido en cada detalle de nuestras vidas.

La tercera cosa asombrosa se repite dos veces: «me respondió» y «oíste mi voz». Este es el resultado muy natural de las dos observaciones anteriores. Yahveh, el Dios fiel y del pacto, escucha nuestras oraciones. Donde estemos, sin importar nuestro historial, cualquiera que sea nuestra necesidad, el oído de Dios está atento a los clamores de su pueblo. Recuerde, la experiencia de Jonás contrasta con la de los marineros que no conocían a Dios (y aun así hacen una asombrosa declaración acerca de Él, lea Jonás1:14) y, sin embargo, Dios les respondió (la tormenta cesó). Los ninivitas no conocían a Dios, pero Dios les respondió (no destruyó su ciudad). Hay ironía ahí; ¡aquellos que no creían en Dios parecían más conscientes del compromiso de Dios que el profeta que se suponía que lo representaba!

Estoy impresionado por la experiencia de Michael Packard (espero que nunca me pase a mí) y por lo sobrenatural de la experiencia de Jonás. Pero lo que más me impacta es la intimidad que caracteriza las respuestas de Dios a los marineros, a la ciudad de Nínive e incluso al propio Jonás. He actuado como Jonás de vez en cuando. He dudado de Dios. He tenido malas actitudes. He alimentado los prejuicios. He tratado de manipular las cosas.

Sin embargo, el SEÑOR, Yahvé, el único Dios verdadero Creador, sigue estando pendiente de mí, me responde, es bondadoso conmigo, perdona mi pecado, satisface mis necesidades e incluso trabaja en la vida de otras personas a través de mí, a pesar de mí.

Afortunadamente, Dios es Dios y no hay otro. Él es el Dios de las historias de peces, de las tormentas, de los corazones y las mentes necias como la mía.

Esa es la parte verdaderamente asombrosa de la historia.

25 07, 2017

Una vida asombrosa

2019-09-09T00:13:29-05:0025 julio, 17|

“Más importante que el hombre haya andado sobre la luna, es que Dios anduvo sobre la tierra”, dijo es astronauta Jim Irwin. Ciertamente, ninguna hazaña que el hombre haya logrado en el espacio puede compararse con el milagro de aquel momento cuando Dios salió de la eternidad y entró en este mundo material y temporal por medio de Jesús, concluye el escrito Richar Bennet.

La presencia de Cristo en la tierra no fue un recorrido eco-turístico, ni un ligero vistazo etno-botánico a su creación.  Realmente fue un plan de rescate ante el peligro de muerte al que mujeres y hombres quedamos expuestos por un error fatal debido a apetitos excéntricos que llevó a los padres de la humanidad a revelarse contra Dios su Creador.

Dado que la presencia de Cristo entre nosotros es un milagro de amor, tal hecho significa también una invitación tácita de salir a su encuentro y no insistir en ocultarnos de su presencia, como lo hicieron Adán y Eva en el Edén.

Nuestra respuesta a la voz de Dios no puede quedarse en una reacción ambigua, sino en una respuesta concreta y permanente. El hombre se maravilla de haber llegado a la luna, pero ha perdido su asombro ante la maravilla de la visitación que Dios nos hizo por medio de Cristo para traernos una vida nueva.

Una persona desencantada pierde la capacidad de maravillarse ante su propia capacidad de logro y limita su respuesta ante las iniciativas que otros tomen por ayudarle a encontrar nuevos horizontes de salida a su vida; incluso si esta propuesta venga de Cristo. Solo nuestra voluntad rendida al poder milagroso de Dios nos devolverá el anhelo de responder permanentemente ante la maravilla del amor milagroso de Dios por nosotros, que nos lleva a disfrutar y ser realizadores de hazañas por bien propio de los que nos rodean, como ser respetuosos y afectivos, solidarios e íntegros, cuyos efectos pueden ser eternos.