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23 10, 2018

Sabiduría que me acerca a Dios

2018-10-23T08:48:08-05:0023 octubre, 18|

Durante un descanso en el ensayo de un desfile de navidad, un niño se acercó corriendo al Pastor y le dijo: “Soy uno de los reyes magos”.

¿De verdad?, le preguntó el Pastor.  “Parece que estás muy contento por eso.” Sí, mucho”. Le contestó el niño.

“¿Y qué tiene de bueno ser un rey mago?”, le preguntó el Pastor.

El niño le respondió rápidamente: “Me toca llevar el oro… y no tengo que cargar con ninguna oveja maloliente”.

El escritor Charles Stanley, cuenta esta historia en su libro Caminando Sabiamente, para decirnos que en nuestro mundo de hoy parece que mucha gente tiene ese mismo punto de vista sobre la sabiduría: creen que tener sabiduría consiste en la habilidad de “llevar el oro”, de llevar una vida placentera y cómoda, y de evitar toda asociación con algo desagradable.

Charles Stanley continúa diciendo: yo creo que la Palabra de Dios nos encamina a una definición diferente de la sabiduría:

La sabiduría es la capacidad de ver las cosas desde la perspectiva de Dios, y de responder a ellas según los principios bíblicos. Dicho de otra forma, la sabiduría consiste en buscar opiniones celestiales en circunstancias terrenales.

El consejo bíblico escrito por el apóstol Pablo es el siguiente: Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos. No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan.

Esto nos lleva a tomar la decisión de buscar la sabiduría. Es cuestión de cada uno, determinar cómo pasaremos por la vida. La sabiduría no es algo con lo que uno se tropieza, o que adquiere automáticamente; hay que buscarla y perseguirla. Si quieres adquirir esta clase de sabiduría, corre a los pies de Jesús y reconócelo como Señor y Salvador te tu vida.

 

21 09, 2017

El joven Timoteo (Galería de la Fe)

2019-09-09T00:13:17-05:0021 septiembre, 17|

Hoy en la Galería de la Fe volvemos a encontrar, con mucho agrado, el retrato de un jovencito, su nombre Timoteo. En el transcurso de catorce años, Timoteo pasó mucho tiempo trabajando al lado del apóstol Pablo, su amigo. Junto a él disfrutó de muchas alegrías, aunque también se enfrentó a muchos peligros. En cierta ocasión, hasta estuvo preso por causa de su ministerio. Como Pablo, Timoteo sentía mucho cariño por los hermanos y se preocupaba por ellos. El apóstol le escribió: “Recuerdo tus lágrimas”. Timoteo también lloraba con los que lloraban, pues se ponía en el lugar de los demás, y les daba ánimo y consuelo. Todos deberíamos aprender a hacer lo mismo.

No sorprende que Timoteo llegara a ser un siervo de Dios sobresaliente. Por eso, Pablo le encargó que, además de visitar las congregaciones para animarlas y fortalecerlas, nombrara a hombres capaces para que sirvieran de ancianos y siervos ministeriales.

Pablo quería muchísimo a Timoteo; como un buen padre, le dio guía y consejos. Vez tras vez le recordó que debía cuidar su relación con Dios y que tenía que seguir progresando. Lo animó a que no dejara que su juventud ni sus defectos le impidieran hacer lo que es correcto cuando fuera necesario. Pablo incluso le aconsejó sobre cómo aliviar un problema de salud, probablemente debido a frecuentes dolores de estómago.

Con el tiempo, Pablo se dio cuenta de que pronto sería ejecutado, por eso decidió escribirle una última carta a Timoteo. Le suplicó: “Haz lo sumo posible por venir a mí dentro de poco”. Pablo quería profundamente a Timoteo, incluso lo llamó: “Mi hijo amado y fiel en el Señor” No es de extrañar que deseara que estuviera con él en los últimos días de su vida.

¿Logró Timoteo ver a Pablo antes de su ejecución? No lo sabemos. Pero podemos estar seguros de que hizo todo lo que pudo para consolar y animar a Pablo y a muchos otros cristianos. No puede negarse que Timoteo estuvo a la altura de su nombre, que significa “que honra a Dios”. Tanto a jóvenes como a adultos nos ha dejado un gran ejemplo y por todo esto, hoy su retrato engalana la Galería de la Fe.

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