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Cimientos que no se ven

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios”. Hebreos 11:24-25

En la construcción, las «zapatas» son bloques de hormigón enterrados que sostienen el peso de toda la casa. Una vez que la obra avanza, nadie las ve, pero son las que evitan que la estructura se hunda con el tiempo. Lo que está bajo tierra es lo que sostiene lo que está a la vista.

En la crianza, los cimientos más fuertes se ponen en lo secreto. Jocabed, la madre de Moisés, tuvo a su hijo solo durante sus años de lactancia, probablemente hasta los cinco años, antes de entregarlo al palacio de Egipto. Sin embargo, ese tiempo de «construcción invisible» fue suficiente. Ella no solo le dio alimento, le dio identidad. Le enseñó quién era su Dios, de modo que cuando el mundo quiso ofrecerle lujos y pecado, Moisés no se quebró. El cimiento que su madre puso en casa sostuvo su fe en el palacio.

Hay días en los que todos queremos bajar los brazos. Cuando el cansancio agota, el hijo no responde o la rebeldía parece ganar la batalla, es fácil sentir que nuestras palabras se las lleva el viento. Pero no te detengas; estás instalando la base. Quizás hoy no veas el edificio terminado, pero cada oración y cada valor enseñado es hormigón para el alma. Estás preparando su corazón para que, cuando el mundo intente cambiarles el nombre, ellos sepan quiénes son en Dios. Tu inversión de hoy es la firmeza de ellos mañana.