21 11, 2017

¿QUÉ TE PREOCUPA?

2019-09-09T00:15:42-05:0021 noviembre, 17|

El pastor Rick Warren dice que la preocupación es algo que uno ha aprendido a tener. No hay tal cosa de que uno sea un «preocupador”, o preocupado nato. Al contrario, la preocupación es una respuesta aprendida durante la vida.

Después de años de equivocaciones, fracasos y expectativas incumplidas has descubierto que las cosas no siempre resultan ser como te gustaría que fueran. A partir de esas experiencias, tú te formaste el hábito de preocuparte.

La buena noticia es que si la preocupación es una respuesta aprendida hacia los problemas de la vida, ¡también es algo que puede ser “des-aprendido!” La preocupación nunca ha cambiado nada, por tanto, es inútil preocuparnos. La preocupación no puede cambiar el pasado. La preocupación no puede controlar el futuro. Preocuparse sólo hace que te sientas miserable, concluye el pastor Warren.

La preocupación nunca ha resuelto ningún problema, nunca ha pagado una cuenta, nunca ha curado ninguna enfermedad. Lo único que hace es paralizarte de tal manera que no puedes hallar una solución. La preocupación es como correr un automóvil en neutro, te mueve, pero no te lleva a ninguna parte. «La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra”, dijo el sabio Salomón. (Proverbios 12:25)

La preocupación frecuentemente exagera el problema. Juega con tu imaginación. ¿Has notado que siempre que te preocupas por un problema, éste parece crecer y ser más difícil de resolver? Cuando tú repites el problema una y otra vez, en tu mente, tiendes a agregarle más detalles –sobredimensionándolo- y entonces te sientes aún peor.

¿Cuál es la solución? En vez de preocuparte, habla con Dios sobre qué es lo que te preocupa. Él es alguien –quizá el único- que puede hacer algo. «No se inquieten por nada;  más bien,  en toda ocasión,  con oración y ruego,  presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios,  que sobrepasa todo entendimiento,  cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6-7)

15 08, 2017

¿Qué te preocupa?

2019-09-09T00:15:51-05:0015 agosto, 17|

La preocupación es algo que uno ha aprendido a tener. No hay tal cosa de que uno sea un «preocupador, o preocupado nato.» Al contrario, la preocupación es una respuesta aprendida durante la vida.

Después de años de equivocaciones, fracasos y expectativas incumplidas, tú ya has descubierto que las cosas no siempre resultan ser como a ti te gustaría. A partir de estas experiencias, llegas a formar el hábito de preocuparte.

La buena noticia es que si la preocupación es una respuesta aprendida hacia los problemas de la vida, ¡también es algo que puede ser “des-aprendido!”. La preocupación nunca ha cambiado nada, por tanto, es inútil preocuparnos. La preocupación no puede cambiar el pasado. La preocupación no puede controlar el futuro. Preocuparse sólo lo hace que te sientas frustrado miserable.

La preocupación nunca ha resuelto ningún problema, nunca ha pagado una cuenta, nunca ha curado ninguna enfermedad. Lo único que hace es paralizarte de tal manera que no puedes hallar una solución. La preocupación es como correr un automóvil en neutro; no va a ninguna parte, lo único que hará es acabarse la gasolina. «La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.» (Proverbios 12:25).

La preocupación frecuentemente exagera el problema. Juega con tu imaginación. ¿Has notado que siempre que te preocupas por un problema, éste parece crecer y ser más difícil de resolver? Cuando tu repites el problema una y otra vez, tu mente tiende a agregarle más detalles – sobredimensionándolo y entonces te sientes aún peor.

¿Cuál es la solución? En vez de preocuparte, habla con Dios de qué es lo que te preocupa. El es alguien – quizá el único – que puede hacer algo. «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6-7).

17 05, 2016

Otra vez pequé

2019-09-09T00:16:08-05:0017 mayo, 16|

Otra vez pequé. Yo me sorprendo, pero Dios no lo hace. Me cuesta entender, pero su Palabra dice que Él conoce todas las cosas, incluso antes de que estén en nuestra boca. Mi pecado es una de ellas. Él conoce mis debilidades y la fuerza que posee mi carne para dirigir mis pies hacia el mal. Él conoce que yo fui formada en pecado y que la naturaleza de mi esencia humana es apartarme de Él. Él conoce que soy incapaz de cambiar por mis propias fuerzas y que muchas veces mi autosuficiencia me hace creer en que yo soy la que tiene el control. Entonces caigo, peco, y me sorprendo.

El verdadero problema no es la clase de pecado que hayamos cometido, sino es la raíz que sutilmente se esconde detrás de nuestra caída: el orgullo. Jhon Piper lo describe de la siguiente manera, “Cuando nos consagramos a resistir el poder idolátrico de cada anhelo, cada deseo, cada placer que no es de Dios, entonces Dios es exaltado como el tesoro supremo de nuestra vida.” El orgullo es un ídolo, sea este personificado en nuestra propia persona, en nuestros logros o en nuestras amistades. Pero, al momento que vemos la belleza de Cristo,  nuestro enfoque se centra  en conocerle y agradarle, ya no en los deseos fugaces que nuestro corazón desea experimentar.  Santiago 1: 14-15 dice que cada uno fuimos tentados desde nuestro propio corazón, del cual proceden todos los males y conflictos existentes (Santiago 4:1). Dios no se sorprende por tu pecado, pero él lo odia.

Entonces, ¿Cómo llegamos a negarnos a nosotros mismo y ver en Jesús la satisfacción y suficiencia de todos nuestros anhelos? Primero tenemos que ver nuestra condición, la verdadera realidad de la depravación en nuestro corazón. La Biblia afirma que no hay ningún justo (Romanos 3:10) y que nuestro pecado es abominación delante de Dios, separándonos de Él (Isaías 59:1)  y llevándonos a la muerte (Santiago 1:15) Que somos como ovejas descarriadas (Isaías 53:6), solo rescatadas por un único acto: el sacrificio de Jesús en la cruz. Allí, cuando comprendemos la gravedad de nuestro pecado y lo que provocó, vemos la belleza de Cristo y la misericordia de Dios.

La única forma de que ese pecado salga de tu corazón y seas libre es por medio de Jesús, Él te salva, Él te ama. No confíes en tus propias fuerzas, o en tus obras, no mires tus logros o tus cualidades, pues te traerán amargura a tu corazón. Alza los ojos a Dios, pues de él vendrá tu socorro. El odia tu pecado, pero está dispuesto a perdonarte.

 

ESCRITO POR: Gaby Puente