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Cuidar al compañero

Efesios 6:18 (NTV): «Oren en el Espíritu en todo momento y en cada ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes».

En la semifinal del Mundial de 1990, el jugador inglés Paul Gascoigne recibió una tarjeta que lo dejaba fuera de la final. Al darse cuenta, se derrumbó emocionalmente en la cancha y rompió a llorar. Al verlo vulnerable, su compañero Gary Lineker corrió a abrazarlo y, mientras lo consolaba, miró angustiado al banco de suplentes haciendo señas para pedir que cuidaran a su amigo, protegiéndolo en su momento más oscuro.

Podemos cuidar a los demás de muchas maneras, pero la oración es un mandato directo que Dios nos dejó. Debemos esforzarnos por cumplir fielmente este llamado a interceder por otros, yendo mucho más allá del cliché de decir «voy a estar orando por ti». Interceder no es una frase de cortesía; es entender que la oración es un arma poderosa y el medio real por el cual podemos levantar y animar a otros creyentes cuando sus fuerzas no alcanzan.

Cuando un hermano se debilita en medio de la batalla, nuestra responsabilidad espiritual es ponernos en la brecha por él. No permitamos que nadie pelee solo. Seamos un equipo que asume con fidelidad la tarea de cuidarse mutuamente, recurriendo al valor de la oración para que todos lleguemos juntos a la meta.