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Un lugar en la mesa del Rey

“Dios hace habitar en familia a los desamparados; saca a los cautivos a prosperidad”. Salmo 68:6

Quizás alguna vez viste un edificio marcado con una gran «X»; se determina que no es una construcción apta y se decide derribarla. A veces, al pensar en la palabra «familia» u «hogar», sientes que eres como ese edificio: alguien tachado con una «X» que no sirve para esa función. Miras a tu alrededor y te sientes solo, intentando buscar a Dios en un entorno que parece un caso imposible.

A Mefiboset le sucedió. Él sentía que el término «familia» no encajaba con su realidad. Solo, lisiado y viviendo en el olvido, no tenía vínculos ni esperanza. Pero el Rey David lo mandó llamar y le cambió toda su realidad. No eran familia de sangre, pero David decidió que Mefiboset comería en su mesa como un hijo más. Dios es experto en «casas» que otros dieron por perdidas. Quizás sientes que tu familia jamás te apoya o que lo que construiste es un desastre, pero al llegar a Él, tu realidad se transforma.

No importa si hoy eres el único de tu casa que busca a Jesús; en Él tienes un Padre que te ama y te invita a formar parte de Su gran familia eterna. Tal vez tu familia de sangre no te dio el apellido o el amor que necesitabas, pero hoy el Rey te sienta a Su mesa y te da una herencia que nadie te puede quitar. Ya no estás solo, cuando pones tu fe en Jesús, has llegado a casa.