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La cultura de la honra

Romanos 12:10 (NTV): «Ámense unos a otros con un afecto fraternal y deléitense en honrarse mutuamente».

En el Mundial de México 1986, Argentina se coronó campeona gracias a que su plantel entendió algo clave. Todos recuerdan las jugadas de Maradona, pero el secreto estuvo en sus compañeros. El equipo se armó con jugadores incansables que corrieron y cubrieron espacios para que él luciera. Uno de sus delanteros lo resumió así: «El equipo entendió que no todos debían brillar». Decidieron honrar el don de su compañero para alcanzar juntos la gloria.

Es normal que a la hora de jugar todos queramos brillar, pero la vida no se hizo para que todos seamos estrellas. La Biblia nos menciona la importancia de deleitarnos en exaltar las virtudes de los demás. Si siempre estás esperando que alaben lo que haces, el juego se trata de ti, y un equipo donde todos piensan así está destinado a perder.

Aunque hoy la propuesta del mundo sea «yo primero», Jesús nos invita a mirar al otro y honrar sus capacidades. No con halagos falsos, sino reconociendo que cada uno tiene dones útiles puestos por Dios. Cuando dejas de competir y empiezas a valorar el talento ajeno, todo el equipo gana. Juguemos bajo esta regla: deleitarnos en honrarnos unos a otros.