Play Video
El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva
—Juan 7:38

¿Es posible que tu falta de propósito sea lo que está alimentando tu adicción?

Hay una ley de la naturaleza: todo lo que se estanca, se pudre. El agua de una maceta sin drenaje se descompone y mata las raíces. Un recipiente que recoge lluvia se vuelve turbio y se convierte en criadero de mosquitos. Incluso un estanque, si no tiene entrada y salida de agua, pierde oxígeno y los peces mueren. El agua no es mala, pero sin movimiento, pierde su propósito.

La adicción es el estancamiento del alma.

Cuando vivimos atrapados en un ciclo adictivo, nuestra vida deja de fluir. Nos encerramos y solo importan nuestras necesidades, nuestro dolor y nuestro alivio momentáneo. Nos volvemos como esa maceta sin drenaje: acumulamos emociones, secretos y culpas que, al no tener salida, terminan pudriendo nuestro interior.

Pero Jesús no nos diseñó para almacenar, sino para ser canales. Él prometió que de nuestro interior correrán ríos. Un río es agua viva porque está en constante movimiento. La clave para batallar la adicción es encontrar un propósito más grande que tú mismo: ese propósito es Jesús. Vivir para Él y para otros. Cuando permites que la gracia de Dios entre a tu vida y salga en forma de servicio y amor, el agua se oxigena y el pecado pierde su lugar.

No dejes que tu vida se detenga; deja que el río de Dios vuelva a correr.