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“Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.” — Lucas 15:22

¿Te presentarías a otros con un nombre que no es el tuyo?

Piensa en el hijo pródigo: un joven que perdió todo en excesos y adicciones. Al llegar a lo más bajo de su miseria, decidió volver a casa. Mientras caminaba, ensayaba un discurso: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus esclavos”. Estaba tan avergonzado que quería cambiar su nombre. Prefería la etiqueta de «esclavo» antes que la de «hijo», porque sentía que su pecado había borrado su identidad.

El enemigo busca sembrar en ti esa misma mentira. Quiere que te presentes como «la adicto», «el adúltero» o «el fracasado». Te convence de que has perdido el derecho a tu verdadera identidad y que ahora tu error es tu nuevo nombre. Pero nota la reacción del padre: ni siquiera dejó que el joven terminara su discurso de humillación. Antes de que pidiera ser esclavo, el padre ya le estaba poniendo el anillo de hijo.

La propuesta de Dios es que levantes la cabeza. Esa etiqueta de «adicto» es un estado, no lo que eres. Cuando empiezas a verte como hijo, empiezas a actuar como tal. La libertad no llega por esforzarte como un esclavo para ganar el perdón, sino por aceptar que el amor del Padre es más grande que tu historial. Hoy, rompe la etiqueta que te pusiste y acepta el vestido nuevo que Dios tiene para ti.