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¿Cuántas cosas se filtran en tu vida sin darte cuenta?
Para que hoy puedas abrir el grifo de tu casa y beber un vaso de agua cristalina, ha tenido que ocurrir un proceso riguroso. El agua no llega pura por casualidad; debe pasar por una serie de filtros que atrapan el lodo y las impurezas. Si esos filtros se saturan o se rompen, lo que sale por el grifo será turbio y peligroso.
En tu proceso de libertad, los «filtros» son tus límites diarios.
Muchos fracasan en su lucha contra la adicción no por falta de fe, sino por descuido en sus filtros. Dejan que la “suciedad» entre libremente, una red social que dispara la ansiedad, una amistad que empuja al pasado o un pensamiento que alimentan en secreto. Proverbios nos advierte que debemos «guardar» el corazón, porque de él mana la vida. Dios no te diseñó para hacerlo solo. La comunidad sana también es un filtro: personas que te aman lo suficiente para confrontarte, orar contigo y ayudarte a ver lo que tú no ves.
No puedes evitar que el mundo esté lleno de suciedad, pero sí puedes decidir qué dejas pasar a tu sistema y quienes te acompañarán en el proceso. La paz de tu mañana depende de los filtros que pongas hoy. ¿Estás dejando la puerta abierta a aquello que sabes que te ensucia? La libertad real se construye protegiendo el manantial de tu alma día a día.