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30 04, 2017

Recuerdos que dibujan sonrisas en el rostro de nuestros hijos

2017-04-30T10:27:22-05:0030 abril, 17|

Con demasiada frecuencia subestimamos el poder de un toque, de una sonrisa, una palabra amable, un oído presto a escuchar, un cumplido honesto, o un pequeño acto de amor, todo lo que tiene el potencial de transformar una vida. Leo Buscaglia

Cuando el amor es una teoría, es seguro, está libre de riesgos. Cuando el amor está solo en el cerebro, no cambia nada, pero el amor es demasiado hermoso para mantenerlo encerrado detrás de la frente, como si fuera un prisionero. El amor hace cosas y esas cosas crean recuerdos que se quedan para toda la vida.
Recuerdo un verano precioso que pasé con mi familia en una hacienda con ganado, árboles de naranjas, mandarinas, papayas, badeas, y un pequeño río con agua cristalina en el que podíamos ver y sentir a los peces y camarones pasar por nuestros pies.

Siempre que recuerdo ese verano, se dibuja una sonrisa en mi rostro. Es que los recuerdos son como huellas que dejamos en el camino. El escritor Jean Paul Ritcher dijo que “El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados”.  Y yo lo creo así.

Como padres, tenemos la oportunidad de crear hermosos recuerdos en la vida de nuestros hijos y para aquellos que hemos pasado al estado de máxima felicidad- me refiero a ser abuelos- en la vida de nuestros nietos.

Algunas sugerencias para crear recuerdos felices en el alma y mente de su hijo:

  1. Las reuniones entre familia, con tíos, primos, abuelos, son perfectas para crear gratos recuerdos. Los niños pueden ser incluidos en la planificación de juegos para que participen grandes y chicos.

  2. Organizar noches de talento en las que se distribuyan diálogos de cuentos u obras de teatro para representarlas.
    El público es la familia y amigos. Recuerdo que, en la pasada Navidad, cada miembro de mi familia memorizó la historia del nacimiento de Jesús en verso, y así todos participamos. ¡Nos divertimos mucho!

  3. Hacer actividades al aire libre. Salir a caminar, andar en bicicleta, jugar en el parque. Acampar, aunque sea en el patio de la casa.

En estas y otras actividades que se comparten con los hijos, les estamos diciendo que nos importan, que los amamos. Ahora que somos el centro de sus vidas, aprovechemos para llenarlas con experiencias entrañables, de las que impactan y se quedan grabadas en su corazón para siempre. Seamos creativos e intencionales para dejar huellas que dibujen sonrisas en sus rostros.

  • Recuerdos hay muchos. De calidad, significativos, enriquecedores, no muchos. Hay que crearlos para los hijos. Estos perdurarán para el resto de sus vidas.

MDC/ag

21 03, 2017

Lo que los adolescentes esperan de sus padres

2017-03-21T18:10:57-05:0021 marzo, 17|

“A veces, el que llevan la contraria a los padres no es un sentimiento real, sino una estrategia para alcanzar la independencia y lograr construir su identidad personal.
El dilema es, ¿cómo acompañarlos en esta nueva etapa sin invadirlos?, ¿cómo protegerlos sin abrumarlos?, ¿Cómo respetar sus silencios sin abandonarlos?  Lo más importante es dar crédito a sus palabras y no dar la espalda”. (Revista Familia de El Comercio)

Nuestros hijos, de acuerdo con cada edad, demandan nuevas cosas según van requiriendo sus necesidades.  Tal es así que lo que demanda un niño de 5 años no será lo mismo que uno de 13 años. Los adolescentes, de acuerdo a lo que hemos analizado en cuanto a sus características y necesidades, esperan:

A. Tolerancia.- Según el diccionario se define como: Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.
Como ellos están definiendo sus propias ideas y gustos, son muy cambiantes o volubles, mas aún así quieren ser respetados.
Los padres debemos aprender a no ser autoritarios, absolutistas, posesivos ni indiferentes. Más bien, tenemos que acompañarlos durante esta nueva etapa.

B. Flexibilidad.- Susceptible de cambios o variaciones según las circunstancias o necesidades. Horario, programa flexible.
No obstante de que en casa y fuera de casa haya un orden establecido, con las normas o esquemas de comportamiento, como padres, debemos aprender a ser flexibles sin perder credibilidad y autoridad en lo que es negociable, pero principios y valores jamás se deben negociar.

C. Consistencia.- Es necesario tener una congruencia de lo que impartimos a nuestros hijos con lo que vivimos.  Cuenta una historia que un hombre regresó a su hogar ya entrada la noche durante un invierno frío, tomó botellas de licor y salió en busca de sus amigos para seguir tomando. Después de unos minutos, sintió que alguien lo observaba.  Al voltear miró a su pequeño hijo, quien saltaba sobre las pisadas del padre en la nieve.  El hombre, lleno de ira, le gritó que regrese a casa.  El niño contestó: “Papi, estoy siguiendo tus pasos”.

Hay inconsistencia entre lo que dicen los padres, los maestros, los pastores, los líderes; hay inconsistencia entre lo que se dice y lo que se vive; hay inconsistencia en la forma de ejercer la autoridad y establecer las reglas. Hay un gran abismo que separa los valores, los principios, la ética moral con la actitud y estilo de vida que rodea a los adolescentes: Padre que establece normas que él no cumple, padre que exige valores morales que él no vive, madre que no respeta la autoridad del padre, líder que enseña con palabras pero sus hechos gritan otra cosa, líder que dice amar a un joven pero se enseñorea de él.

Los adolescentes por doquier hallan la inconsistencia: en casa, en la iglesia, en el colegio.  Tienen hasta tres versiones sobre un asunto y esto les produce frustración y desánimo.  La inconsistencia produce en ellos, como reacción, rebeldía y rechazo a la autoridad. Cabe preguntarnos: ¿cuántos de los problemas de nuestros hijos adolescentes tienen su origen en la inconsistencia?

Ante esto, hay que ofrecerles o presentarles a alguien que sí manifiesta consistencia: Dios, quien se ha revelado como un Dios consistente, en Él no hay mudanza, ni siquiera sombra de variación.  Él ofrece de esta cualidad a quien lo busca, en Él está la fuente.

Más allá de nuestras palabras, nuestros hijos aprenden de lo que vivimos.  Difícilmente un hombre logrará efecto sobre sus hijos, diciéndoles que no tomen, cuando cada semana sale a tomar, o pedirles que no fumen por los efectos a su salud, cuando nosotros mismos fumamos. Como padres tenemos una autoridad natural, pero los chicos necesitan ver nuestra autoridad moral.  Seamos responsables de nuestras palabras y promesas; ellos confían en que se cumplirá.  Aún habiendo fallado, ellos siguen confiando, ¡no los defraudes!

D. Comparaciones.- Como los adolescentes están definiendo su valía e identidad, les afecta profundamente el ser comparados, entre hermanos o con otros, lo que causa en ellos una herida.  Lo reciben como un rechazo, como si ellos nunca pudieran lograr llenar las expectativas que sus padres tienen sobre ellos, cerrando así su corazón y con riesgo a que se dé un aislamiento progresivo. Es aquí cuando más necesitan nuestra aceptación, aprobación y acompañamiento; debemos demostrar con nuestras acciones el amor que declaramos.

E. La expresión del amor.- La necesidad básica en el ser humano es la de sentirse amado, y en nuestros jóvenes no cambia, pero debemos reconocer que en la adolescencia nuestros hijos nos pasan la cuenta de la infancia y con creces.  Una buen infancia me da una buena adolescencia. Si, como padre o madre no aprendí a expresar mi amor durante la infancia, será muy difícil hacerlo durante la adolescencia, mas aún así debe lograrlo.  Un joven que no se siente amado concluirá que es un accidente, que nació por casualidad, lo que afectará directamente su autoestima y le expone a buscar fuera de casa lo que no tiene, con tendencias a ser una persona emocionalmente dependiente.
Entendamos que la forma de expresar el amor en un adulto es muy diferente a la necesidad en cómo lo percibe un joven.  Para un adulto pagar las cuentas de su hijo, darle educación es una prueba de amor; para un joven esto es obligación.  Para él, amor se traduce en tiempo es decir, «acéptame, escúchame, abrázame».

“Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal,
y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre
tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos»

Isaías 44:3,4

MDC/ag

17 03, 2017

Cosas que perjudican o benefician a nuestros hijos

2017-03-17T12:18:51-05:0017 marzo, 17|

Perjudica decir: Si lavas los platos, te doy un chocolate.

Beneficia decir: ¿Te acuerdas como lavaste los platos hace poco? Fue de mucha ayuda.

Perjudica decir: Si no comes la sopa, no vas a crecer y serás débil.

Beneficia decir: Si comes la sopa, serás fuerte e inteligente como tu papá.

Perjudica decir: ¡Vamos, muévete! ¡Cuánto tiempo tengo que esperarte!

Beneficia decir: ¡Juguemos a quién se a lista primero!

Perjudica decir: ¡Deja de llorar!

Beneficia decir: Sé cómo te sientes, también me hubiera ofendido; hablemos de eso.

Perjudica decir: ¡Ya es suficiente, solo cálmate!

Beneficia decir: Lo entiendo, pero sabes que no puedo permitírtelo.

Perjudica decir: ¡Lo haces mal, mejor yo lo hago!

Beneficia decir: Te voy a enseñar un sencillo truco para que los hagas mejor y rápido.

Perjudica decir: ¡Nos vamos ya, porque yo digo!

Beneficia decir: Sé que quieres jugar, pero ya tenemos que irnos.

Perjudica decir: ¡Mira lo que hiciste!

Beneficia decir: Sé que no era tu intención, pero ten más cuidado la próxima vez.

 

Recuerda lo que nos dice la Biblia: “No provoquemos a ira a nuestros hijos, sino eduquémoslos en la disciplina y el temor de Dios”.

MDC/ag

23 06, 2016

7 razones por las que estoy agradecido por mis padres

2019-09-09T00:16:06-05:0023 junio, 16|

Al crecer, tuve la suerte de tener dos padres cristianos maravillosos. Y estoy tan agradecido! Estas son las razones por las que estoy agradecido a Dios por ellos:

1 – Me Aman

En el siglo 21, necesitas un lugar donde te puedas sentir amado y aceptado. Muchos de mis amigos buscaron el amor y la aceptación en los compañeros, en internet, o en novios y novias. Pero yo sabía que siempre podía ir a mis padres, y tendría la sensación de ser amado y aceptado por ellos.

2 – Me enseñaron autocontrol

Como un niño que crece, no me gustaba muchas de las enseñanzas que mis padres me enseñaron. Quería comer YA! – no espere a la cena. Quería comprar y preocuparme de pagar por ello más tarde.

Pero las resoluciones de mis padres en esos momentos construyeron una actitud muy útil para mí. Entendí que no necesitaba la satisfacción inmediata de todo (muy diferente al mensaje que el mundo me estaba dando!)

3 – Modelaron un hermoso matrimonio

El matrimonio de mis padres siempre se caracterizó por el amor y el respeto por el otro, sin importa cuáles eran las circunstancias externas. Ser testigo de esto mientras crecía me ha enseñado exactamente lo que se debe aspirar en matrimonio.

4 – Me enseñaron a amar la Palabra de Dios y la oración

Modelaron los hábitos de lectura de la Biblia y fueron siempre fieles a la oración puede recorrer un largo camino. De niño, vi que mis padres hicían una prioridad de orar todos juntos en la mañana.

5 – Me dieron oportunidades para la comunión

Mis padres eran siempre activos en ayudar a conectar a la familia con la iglesia. Al igual que iban a la iglesia un domingo, también me dieron la oportunidad de hacer amigos. Los domingo iba a la escuela dominical, y mis padres siempre me animaron a invitar a mis amigos de la iglesia a compartir más tiempo.

6 – Me apoyaron en mis decisiones

Si quería tocar el piano o estar en el equipo de baloncesto, mis padres siempre estaban allí para ayudarme a perseguir mis sueños y me animan a trabajar duro en todo lo que me propusiera.

7 – Me animaron a servir

Desde una edad muy temprana, mis padres me encontraron oportunidades para servir, y me animaban a hacerlo. Recuerdo ayudar en la iglesia, dar de comer a los niños en el vertedero de basura, y ayudar a construir casas a los necesitados.

Eso, junto con su propio modelo de servir desinteresadamente, me ayudó a construir tanto las habilidades y el deseo de seguir sirviendo a Dios en estos y otros aspectos.

Estas siete cosas siguen siendo la base de lo que soy como cristiano hoy en día. Es como si ellos son los pilares que han construido mi vida entera y eso es un legado muy valioso! Son estas las cosas que espero transmitir a mis propios hijos.

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