22 11, 2018

Carta a mi hijo mayor

2019-07-07T23:43:31-05:0022 noviembre, 18|

Tú fuiste el primero.
Fuiste el primero en escuchar mi corazón desde adentro, seguro sentías cuando se aceleraba de la emoción de escuchar el tuyo en una ecografía, sentías mis emociones como tuyas propias y fuiste la razón para calmarme durante esos nueve meses.
Fuiste el primer recién nacido que tuve en mis brazos. A pesar de ser el primero no tuve miedo de cargarte, eras mío y mi cuerpo se sentía ya preparado para protegerte.
Fuiste el primer ser humano a quien bañé, el primer pañal que cambié fue el tuyo.
Fuiste ese instrumento que Dios me dio para entender a mis propios padres.
Fuiste el primer ser que amé sin conocerlo y ese amor no ha hecho sino crecer durante estos años.
Fuiste quien me puso mi nuevo nombre, “mamá”, y me hace sentir orgullosa de llevarlo.
Fuiste la razón por la que mi vida cambió y no te puedo estar más agradecida.

Gracias.
Gracias por enseñarme el amor.
Gracias por hacerme una mejor persona.
Gracias por ayudarme a entender el amor de Dios.
Gracias por mirarme y por hacerme olvidar de cualquier tristeza o rabia que esté sintiendo.
Gracias por confiar en mí y haberme escogido como tu mamá.
Gracias por entregarme tu vida y darle un nuevo significado a la mía.
Gracias por ser un eterno enamorado de mí, sin importar que esté en el baño, tus abrazos nunca serán inoportunos.

Gracias por amar a tus hermanos.
Gracias por agarrarme la mano cuando vamos en el carro.
Gracias por esos “Te amo, mamá” que sé que te salen del alma.
Gracias por comprender que ahora no soy exclusivamente tuya.

Perdóname.
Por las veces que pierdo la paciencia y me enojo contigo.
Porque no puedo dedicarte ni la mitad del tiempo que te dedicaba antes.
Por no pasar contigo esas horas interminables de juegos y desorden.
Por no poder cargarte todas las veces que me has pedido que lo haga.

Siempre vas a ser el primero, siempre serás mi primer gran amor, y quiero que sepas que gracias a ti me estrené una parte de mi corazón que no había conocido jamás, y esa parte SIEMPRE será tuya.

Te amo.

Tomado y adaptado de: Sos mamá por primera vez /web

28 08, 2018

Tú y Yo… un Nuevo Comienzo

2018-08-28T09:15:03-05:0028 agosto, 18|

Para aquellos que llevamos varios años casados, sabemos que el matrimonio tiene altos y bajos, sonrisas y llantos,  deleites y sin sabores. Estamos conscientes que el matrimonio es el lugar donde la convivencia de la vida diaria produce roces, malentendidos, desacuerdos, frustraciones y enojos; pero sabemos también que cada mañana es un nuevo comienzo para decidir amar.

Así como Dios nos extiende con cada llegada de sol un nuevo capítulo en la historia de nuestra vida; así estamos llamados a caminar con nuestro cónyuge, cerrando los episodios negativos con perdón real y buscando intencionalmente vivir momentos que fortalezcan el amor hasta que sean lo suficiente fuertes e indestructibles.

Tal vez tu cónyuge te ha gritado, humillado, mentido, traicionado o decepcionado. La mayoría hemos experimentado algo de esto y nuestro corazón ha caído devastado; pero cuando como pareja caminamos con los ojos en Cristo, las situaciones difíciles son superables y los nuevos comienzos son posibles.

Pero para dar inicio a una nueva página se requiere que un lado conceda perdón, el renunciar al derecho de castigar al culpable, el olvidar el sufrimiento y tratar al otro mejor de lo que se merece, sin pedirle nada a cambio, siendo este un regalo de amor que se elige dar al ofensor.  Y por otro lado debe haber verdadero arrepentimiento, el que busca reparar los daños cometidos, el que se compromete en jamás volver a cometer ese acto, el que da un cambio positivo de ciento ochenta grados.

Los nuevos comienzos… son posibles cuando vamos agarrados de la mano de Dios y nuestro corazón tiene claro el pedir perdón y perdonar a nuestro cónyuge antes que acabe el día, obedeciendo a Dios; así no acumularemos amargura y el caminar en pareja tendrá los beneficios de la reconciliación, la paz, la armonía, la alegría y el amor.

23 08, 2018

Carta a Jesús… Soy yo de nuevo.

2019-09-09T00:12:31-05:0023 agosto, 18|

 

En mi vida existieron días en los que lo tenía todo y sentía el vacío de no tener nada, luego llegaron aquellos en los que no había nada y tan solo con tu presencia lo tenía todo.

Hubo días en los que todo era fiesta y alegría, en los que siempre sonreía; pero sabía que las cosas vanas engañaban a mi tristeza, dibujando falsamente una sonrisa.  Llegaron días en los que el dolor y la tristeza se apoderaban de mi vida, pero tan solo saberte cerca me llenaba de alegría.

Hubo tiempos en los que la gente me admiraba y aplaudía, era la atracción. Aun así, yo sabía que, a ti, a ti, no te agradaba. Pronto llegaron otros en los que nadie confiaba en mí, en los cuales todos me criticaban; pero, aun así, podía sentir, que yo causaba un brillo en tu mirada.

Hubo días de triunfos repetidos de batallas bien libradas, en los cuales a lo que le apostaba, yo ganaba; pero el fondo mi alma de derrota eterna se llenaba. Luego llegaron días en los que todo lo perdí, batallas, negocios, amigos y familia; pero a tu lado mi alma festejaba la victoria eterna de la vida.

Que loco has sido Jesús, que loca ha sido mi vida…

Que loca ha sido la ruta, que loca ha sido la vía…

Que loco he sido yo, creyéndome dueño de mi destino, que loco me creen ahora cuando les confieso que eres tú el Señor de mis caminos.

La verdad Jesús, es que ahora cuando para todos estoy perdido, es cuando más claro estoy del lugar en el cual me encuentro.

Estoy agradecido por la fortuna de reencontrarte y de disfrutar la vida a tu lado.

Vivo asombrado por el poder de tu perdón, tu gracia y tu misericordia.

Gracias Jesús, por todo lo aprendido, por el valor que me has dado…

Yo, que he probado de tu amor infinito puedo decir al fin hoy: Me he saciado.

Contigo todo lo puedo, y al fin….

¡Al fin soy yo… de nuevo!

 

ESCRITO POR: FEBRO ISRAEL S. S

ADAPTADO POR: KAROL DENYSSE

19 07, 2018

A ti, perdóname.

2018-07-19T14:03:42-05:0019 julio, 18|

A ti, perdóname.

Hubo casos en los que mi creencia de superioridad moral me apoyó en agrandar un error de tu parte, me disculpo por haber hecho eso. Lamento que el enojo del momento me haya impulsado a ser cruel con mis palabras, pues hoy sé y comprendo que las palabras pueden lastimar más que un golpe.

Lamento también, si ese fue el caso, haber contado lo sucedido a demasiadas personas en un intento de desahogarme; hoy sé que lo correcto y respetuoso hacia ti hubiera sido dejar el asunto solo entre nosotros dos sin ponerme el traje de víctima. Perdón por todo eso, no tenía plena consciencia de lo que hacía.

Te pido perdón por juzgarte, por no comprender tus motivaciones y lo que había en tu corazón, hoy comprendo que no tuve ningún derecho para hacerlo.

Perdón por lastimarte cuando incumpliste mis expectativas, las expectativas que yo coloqué sobre tus hombros sin consultarte.

Perdón por juzgarte cuando tomaste una decisión que a ti te convenía y a mí no. Perdón por presuponer que tenías que pensar en mi antes que en ti mism@.

Perdón por juzgarte y hacerte villan@ de una historia, solo por no tener mi mismo nivel de resistencia ante los retos.

Perdón por juzgarte cuando te arrepentiste de una decisión de vida, perdón por juzgarte cuando elegiste otro estilo de vida.

Perdón por juzgarte, en silencio, al ver tu nombre en la pantalla o simplemente al escuchar tu nombre. Perdón, porque no eres como yo, y porque esa diferencia es grandiosa en ti y yo no la valoré… pero muchas gracias.

Gracias por existir. Gracias por haber estado en mi vida, por hacerme parte de la tuya y enseñarme tanto de mi humanidad en este proceso.

Te deseo felicidad, que puedas convertirte en la mejor versión de ti mism@, que sigas brillando con tu luz y sigas mostrándole al mundo que eres únic@ y que eso vale más que nada. Serás siempre un genial capítulo en mi libro de vida.

De corazón, gracias por todo y perdón.

 

Tomado y adaptado de: Susana Baizabal -Web

25 06, 2018

Cuando tenemos que pedir perdón a nuestros hijos

2018-06-25T10:38:00-05:0025 junio, 18|

“¡Él es un tirano!” Le susurré ferozmente a mi amiga vecina. “Él nunca admite cuando está equivocado.” Estábamos sentadas en el patio de mi casa, donde había venido a llorar después de una discusión con mi papá. Ni siquiera recuerdo sobre qué peleamos, pero me acuerdo que mi papá claramente se había equivocado y nunca lo confesaría. Tenía yo tan sólo ocho años y no entendía que mi papá – quién me mostró mucho amor en otras áreas – vino de una generación que creía que los padres siempre tenían la razón y no podían pedir disculpas porque socavaría su autoridad.

Avancé rápido hasta hoy a una discusión reciente con mi esposo. En un momento de gentil franqueza me preguntó, “¿Te das cuenta que casi siempre tienes la razón y te cuesta mucho pedir perdón?” ¡Cómo la verdad duele! Pero como dice Proverbios 27:6, “Más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa.” Empecé a reflexionar sobre mi lucha con pedir perdón. Aunque reconozco que tengo completa responsabilidad por mis acciones, también lamento la falta de un modelo paternal de como pedir perdón. No culpo a mi padre por mis fallas. Él hizo el mejor que pudiera y me crio para amar a Dios y amar a la gente. Pero cuando pienso en mis propios hijos y el legado que les quiero dar, sé que modelar como pedir perdón debe ser parte de mi ejemplo.

Mi esposo es una persona humilde y siempre listo para pedir perdón cuando la ocasión lo requiere. Estoy aprendiendo mucho de su ejemplo y mi anhelo es que nuestros hijos aprendan del ejemplo de nosotros dos. Lo lindo es que cuando pedimos perdón a nuestros hijos por nuestras fallas, se abren más las vías de comunicación entre nosotros. Los corazones de nuestros hijos se ponen más tiernos hacia nosotros y se sienten más seguros porque saben que en nuestra casa, podemos cometer errores y confesarlos y seguir en relación.

Seamos honestos, en el transcurso de la vida todos vamos a equivocarnos. A pesar de nuestro deseo de que nuestros hijos nunca cometan errores, inevitablemente se equivocan. ¿Cómo se recuperarán de sus errores, si nunca nos han visto modelar cómo hacerlo? ¿Cómo aprenderán la habilidad esencial de pedir perdón si no les hacemos un modelo del proceso de reconciliación? Qué alivio les dará saber que hay manera de hacer enmiendas y seguir adelante.

Una palabra final para los padres que, como yo, a veces luchan con humillarse para pedir perdón a un niño. Somos los destinatarios del perdón más extravagante y lleno de amor que el mundo jamás ha visto: el perdón que Jesucristo nos extendió en la cruz. ¿Cómo no podemos pedir perdón a nuestros hijos por nuestros errores, cuando caminamos diariamente en la gracia inmerecida del perdón de Dios? Hoy es el día para darles a sus hijos la oportunidad de vivir Efesios 4:32, “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”

Beth Saavedra

vinaquito.com

3 04, 2018

Carta a mi Suegra

2019-09-09T00:15:25-05:003 abril, 18|

Querida Suegra:

Tenía muchísimas ganas de decirle:

Amo a su hijo, él me ha enseñado a amarlos a ustedes también, a través de él puedo ver el amor tan leal que como familia tienen.

Sé que recibí a uno de sus  más grandes tesoros, esté segura de que lo cuido con el mismo amor y cariño que usted lo hizo. Él ha sido mi gran apoyo, mi gran amigo y ahora es mi presente y futuro.

Estoy muy feliz, pero sobre todo orgullosa de estar a su lado, pues es un ser humano inigualable, y es por la gran enseñanza que ustedes le han dado.

Sé que han sido su guía, le han brindado su ejemplo; anhelo se sientan orgullos de nosotros, siempre vamos a necesitar de sus consejos y experiencias para ser mejores. En ocasiones nos vamos a equivocar, pero con el gran amor que él y yo tenemos saldremos adelante.

Le doy las gracias a través de estas líneas por darme su apoyo, por no juzgarme, por abrir su corazón y acogerme, por formar a mi amado como un hombre maravilloso.

Quiero que sepan que no pierden, al contrario la familia crece, y en mí podrán tener todo el apoyo y cariño que él les ha dado y les seguirá dando, pero aún más fuerte, porque ahora somos dos.

La quiero y necesito que sepa, que para mí ustedes son ya desde hace mucho tiempo “Mi Familia”; honro su amor, su experiencia, su sabiduría y espero un día cuando sea mamá, aquella que ame a mi hijo, pueda decirme todo lo que yo hoy le digo.

De corazón, muchas gracias.

 

Atte. Su nuera…es decir, su hija.

26 03, 2018

Cómo compartir el amor de Jesús a nuestros hijos

2018-03-26T10:33:50-05:0026 marzo, 18|

Nos encontramos en Semana Santa, la semana mayor para el mundo cristiano, si tuvieras que describir esta época en una sola palabra, ¿cuál sería esta?, a mi se me pasan por la mente algunas: cruz, vida eterna, precio, perdón, gracia, amor, héroe y muchas otras más.

Tengo en mi corazón una inmensa gratitud por esta demostración de amor de parte de Dios, nuestro Padre para nosotros sus hijos, pero ¿cómo puedes contagiar esto a tus hijos de una manera práctica, verdadera y firme?

Te cuento una dinámica que aprendí del Ministerio de Vida en Familia, y que te ayudará muchísimo para que tus hijos puedan llevar en su corazón esta hermosa época. Puedes usar tarjetas, canastas, dibujos o artículos de juguete que te permitan recrear la resurrección de Jesús, son 12 en total:

 

1. Un burrito

Mateo 21:1,3,6-8

Los discípulos hicieron tal como Jesús les había
indicado y entró a la ciudad sentado en el burro.

5. Látigo de cuero

Juan 19:1

Los hombres malos llevaron a Jesús delante de Pilato y le maltrataron con un látigo

 

9. Lanza

Juan 19:32-34

Para asegurarse de que Jesús haya muerto, le clavaron una lanza en su costado.

2. Monedas de plata

Mateo 26:14-16

Judas recibió el pago de 30 monedas de plata para entregar a Jesús a los soldados.

6. Corona de espinas

Mateo 27:27-29

Los soldados tomaron ramas con espinas y los trenzaron en forma de corona.

10. Tela de lino

Mateo 27:57-60

José hizo algo muy especial porque consiguió una tela de lino para cubrir el cuerpo de Jesús y dejarlo en la tumba.

3. Copa

Mateo 26:27-28

Durante la última cena Jesús mencionó que en la copa (de manera simbólica) estaba su sangre

7. Clavos

Juan 19:16-18

Jesús fue sujetado en la cruz con unos clavos que atravesaron sus manos.

11. Piedra

Mateo 28:2-4

Aunque los soldados estaban de guardia cuidando que nadie robe el cuerpo, un ángel vino y movió la piedra…

4. Manos orando

Marcos 14:32-34

Jesús tuvo miedo y temor que lo que iba a pasar y fue al Jardín de Getsemaní a orar.

8. Dado

Juan 19:23-24

Los soldados tomaron por poco el sacrificio de Jesús en la cruz e hicieron un sorteo de su vestimenta.

 

La tarjeta o canasta número 12 debe estar en blanco o vacía para que puedas explicar con exactitud la eternidad que tenemos al creer en Jesús.

Siembra en tus hijos el sentido de agradecimiento, por este precioso regalo recibido en la cruz, permite que ellos puedan decir con sus palabras lo que significa esta demostración de amor de parte de Dios. Lo más importante de esta época es poder brindar y compartir esperanza a tu familia porque por medio de Jesús tenemos la posibilidad de una vida nueva.

 

16 01, 2018

La Bendición de la Gracia de Dios

2019-09-09T00:12:56-05:0016 enero, 18|

Como cristianos, tendemos a pensar en la gracia, como algo vinculado a nuestra salvación. Pero la gracia se trata de mucho más que de cómo venimos a Cristo. Nuestro entero caminar como cristianos, debe estar alimentado por la gracia de Dios. ¿Qué es la gracia? La providencia divina que nos exonera del castigo por una sentencia de culpabilidad. Por gracia, Dios no nos da el castigo que merecemos y por misericordia sí nos da su perdón y todas las cosas que necesitamos, aunque no lo merezcamos.

Dios no nos negó ni siquiera a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, así que también nos dará junto con él todas las cosas.

Rom.8:32 (TLA)

De hecho, la gracia trae grandes bendiciones a nuestras vidas:

  1. Somos salvados y perdonados por gracia. Aunque no lo merezcamos, Dios hace borrón y cuenta nueva, por su gracia (Isaías 43:25).
  2. Somos sostenidos por gracia. Dios nunca te pedirá hacer algo donde Él no te de la habilidad y el poder para hacerlo. Ese poder y habilidad se llama gracia (Filipenses 2:13).
  3. Somos sanados y liberados por gracia. Nuestra relación con Jesús no es un montón de tareas rutinarias por hacer. En vez de eso, se trata de descansar y confiar en lo que el Señor ya ha hecho. Si tu vida como cristiano no es una vida de descanso en Cristo, tú te estás dirigiendo hacia el legalismo (Mateo 11:28-30).
  4. Somos dotados por talentos debido a su gracia. Dios nos ha dado a cada uno de nosotros la habilidad de hacer bien algo, y hemos de usar esas habilidades para él (Romanos 12:6).
  5. Maduramos o crecemos por gracia. El trabajo de Dios de transformarnos a la semejanza de Jesús, sucede no porque nos lo hayamos ganado o por nuestro propio esfuerzo, sino por la Gracia de Dios (2 Pedro 3:18).

La gracia de Dios es real, poderosa y una bendición en nuestras vidas. Tú podrías ver todos estos beneficios y preguntarte, “¿Cómo recibo la Gracia de Dios?” La respuesta es tu respuesta de entrega a Dios.

Tomado y adaptado de: pastorrick.com

4 09, 2017

¡Aprovechemos el Conflicto!

2019-09-09T00:15:48-05:004 septiembre, 17|

Los conflictos son parte de nuestras relaciones. Por tanto, si estás ante un conflicto confróntalo con sabiduría. ¡No huyas!

Se consciente que los conflictos son inevitables. Siempre te vas a cruzar por la arena de un conflicto grande, mediano o pequeño. Tu reacción ante cualquier conflicto es el resultado de tu carácter. Si en el momento de una aflicción te desanimas o la evades, muy limitada es la fortaleza de tu carácter, dicen los proverbios bíblicos. Sin embargo, nunca participes en conflicto ajeno a menos que seas invitado a ser parte de la solución.

Determina si el conflicto es una barricada que quitar. La tendencia natural es tratar las consecuencias del conflicto y no la causa, por lo tanto, la mejor manera de tratar el conflicto es remover la causa. El sabio Salomón dijo: “despide al insolente, y se irá la discordia y cesarán los pleitos y los insultos.   Recuerda también que sin leña se apaga el fuego y la respuesta suave calma el enojo.

El conflicto es causado por palabras equivocadas en el lugar equivocado, o por palabras apropiadas, pero en el momento incorrecto, por lo tanto, es importante escuchar para conocer, mirar para tener el cuadro completo, procesar para entender y pensar para hablar. Nunca te apresures a emitir un juicio, o a tomar una decisión.

Cuando seas un mediador siempre escucha las dos partes de los involucrados en un conflicto. Escuchar es tu mejor regalo para los demás y para ti mismo. El sabio oirá, se dice la Biblia.

La capacidad que uno tenga para tratar los conflictos determinara la calidad de conexión e influencia que se logre en cualquier entorno relacional.

 

25 05, 2017

¿Mejor amiga o peor enemiga?

2019-09-09T00:13:43-05:0025 mayo, 17|

“¿Quién lo diría?  ¡Un perro cazador y un zorro, jugando juntos!”, dice el búho antes de una tierna canción, mientras Todd y Toby disfrutaban de su amistad entre risas y jugueteos por el campo.  Al final, el zorro expresa: “Toby, eres mi mejor amigo”.  “Y tú el mío, Todd”, responde el sabueso.  “El zorro y el sabueso” es una de las películas que marcaron mi infancia, la historia de dos mejores amigos que terminan siendo enemigos.  Es imposible contener las lágrimas al final.  ¿Te ha pasado algo similar?  También me cuesta contener las lágrimas al pensar en todas las amistades que empezaron con risas e ilusión, pero terminaron en dolor y quebranto.

Muchas veces, como mujer, he sentido que es más fácil tener amistades con varones (lo cual no es muy sabio), porque es más fácil y hay menos drama.  Sin embargo, después de un tropiezo muy fuerte con un “mejor amigo”, me vi en una encrucijada donde las opciones eran la soledad o el buscar profundizar la relación con mis amigas mujeres.  Opté por lo segundo, con mucho miedo, puesto que en ese instante acababa de pelear “para siempre” con dos de mis mejores amigas.  Oré y el Señor puso delante de mí un libro escrito por Sarah Zacharias Davis (hija de Ravi Zacharias), llamado “The Friends We Keep: A Woman’s Quest for the Soul of Friendship” (Las amigas que conservamos: la búsqueda de una mujer por el alma de la amistad), dedicado a las amistades entre mujeres.

Leer ese libro fue como poner un espejo delante de mí.  En todos mis conflictos con amigas, siempre asumí el papel de víctima.  Según yo, la amistad sufría por las cosas que me hacían, yo era inocente de todo.  Tal vez, si yo fallaba, era porque ellas me provocaban.  Pero en esas páginas encontré que el problema era la persona que miro todos los días frente al espejo.  Sarah Zacharias Davis escribía de cosas en las que yo había incurrido, por ejemplo, reunirme con otra mujer para hablar mal de la que yo decía que era mi mejor amiga.  Ella hacía la pregunta: “¿Por qué hacemos esto?”  Respiré profundo y decidí salir de mi papel de víctima para buscar en la Biblia cómo detener las actitudes destructivas en mis amistades.

En primer lugar, Mateo 7:12 dice: “Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas”.  Esto es lo que se conoce como la “Regla de Oro”.  Le pedimos al Señor que examine nuestros corazones y nos ayude a preguntarnos a nosotras mismas: “¿Me gustaría que mi amiga hablara de mí con las palabras que estoy usando?  ¿Quisiera yo que mi amiga contara mi secreto, como acabo de contar el suyo?”  Seguramente, la respuesta será que no.  Eso no nos gustaría.  Si has caído en esto, como yo, es hora de pedirle perdón a Dios con un arrepentimiento genuino.

En segundo lugar, Filipenses 2:3-4 dice: “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás”.  Este versículo me muestra que la meta de tener una amiga no es para tener alguien con quién contar, ni para tener a alguien que me ayude, ni para tener a una persona que me divierta.  Yo tengo una amiga para buscar sus intereses por encima de los míos.  Yo tengo una amiga para que ella pueda contar conmigo, para servirla, para guiarla hacia Jesús.

En tercer lugar, Efesios 4:32 dice: “Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo”.  Es verdad, las mujeres somos un poco intensas, pero es porque para nosotras, las relaciones interpersonales son extremadamente importantes.  El problema es que la ley del pecado está en nuestros miembros y no hacemos el bien que queremos, sino el mal que no queremos (Romanos 7:15-25).  Fallamos, ofendemos, no somos amables ni misericordiosas.  Por eso es necesario pedir perdón y perdonar, pero, como dice este versículo, es como Dios nos perdonó en Cristo.  ¿Cómo es el perdón que tenemos en Cristo?  Dios no me dice: “Bueno, hijita, ya estás perdonada, pero nuestra relación no puede ser como antes”.  Dios no me dice: “Hija mía, me has pedido perdón por lo mismo y lo mismo tantas veces, que ya perdí la cuenta.  Voy a tener que cancelar tu predestinación”.  ¡No!  La Biblia nos dice que Dios se lleva nuestros pecados al fondo del mar (Miqueas 7:19), Él nunca más se acuerda de nuestros pecados (Isaías 43:25; Hebreos 8:12), aleja nuestros pecados como el oriente está lejos del occidente (Salmo 103:12).  Es así como Dios nos pide que perdonemos.

(Suspiro) Sí, es difícil.  Yo misma escribo estas palabras con temor y temblor, porque tengo frente a mí el desafío de poner en práctica lo que predico, ¡y es difícil!  Pero gracias por Cristo, por el Espíritu Santo que nos faculta para obedecer a Dios.  Oremos juntas, pidiéndole al Señor que nos dé la capacidad de obedecerle.  Esto de la Regla de Oro, de considerar a los demás como superiores a nosotros mismos y de perdonar como Dios nos perdonó en Cristo es totalmente sobrenatural, no es parte de nuestra naturaleza.  Pero Dios es especialista en hacer milagros, y no hay mayor milagro que el cambio que Él hace en nuestro corazón.  Sé valiente, no tengas miedo de escribir un correo o de hacer una llamada para pedir perdón u otorgar el perdón.  Como dice el título de un libro de Paul David Tripp, las relaciones son “un relajo que vale la pena”.