«En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman Su venida» (2 Timoteo 4:8).

Durante el Adviento, no solo recordamos que Jesús vino a la tierra como un hombre; también preparamos nuestros corazones para su segunda venida.

La esperanza de cada creyente descansa sobre esta promesa. Un día volverá el Rey de Reyes y destruirá toda maldad, secará todo llanto y establecerá su reino para siempre.  La opresión, la escasez, la enfermedad, y la soledad ya no existirán jamás.

Esperamos el segundo Adviento; es decir, la segunda venida de Jesús nuestro Salvador, donde recibiremos por completo la recompensa que Él tiene para nosotros por gracia.

Mientras esto suceda, permanezcamos fieles y firmes en la fe.

Jesús dijo en Mateo 25:13

“Velen, pues no saben el día ni la hora”

Anhelamos de todo corazón la venida de nuestro Salvador y en ella se basa nuestra esperanza.  Por ahora, sigamos el ejemplo de Jesús sin desmayar. Vivamos de manera pura, santa, amorosa, sacrificial y semejante a Cristo.  Hagamos bien el trabajo que nuestro Padre nos ha encargado hacer.  Guardemos Su Palabra, peleemos la buena batalla y hablemos a los demás que Jesús es el Salvador.

De esto se trata el Adviento: recordar la encarnación del Hijo de Dios para redimirnos y darnos vida eterna junto a Él y preparar nuestros corazones para celebrar el verdadero sentido de la Navidad.