«Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.» Génesis 1:27
Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, no estaba haciendo una prueba y error ni diseñando un boceto inicial para luego perfeccionarlo. Desde el principio, decidió hacer dos seres únicos, diferentes, pero con igual valor.
Sin embargo, vivimos en un mundo que nos empuja constantemente a la rivalidad. Hombres contra mujeres, mujeres contra hombres, como si tuviéramos que competir para demostrar quién es mejor. Si el hombre es fuerte, la mujer debe ser aún más fuerte. Si la mujer es detallista, el hombre debería serlo aún más. Esta lucha nos distrae de lo realmente importante, fuimos creados para complementarnos, no para competir.
Dios nos diseñó con diferencias que, lejos de ser una desventaja, nos permiten construir juntos algo más grande de lo que podríamos lograr solos. Además, nos ayudan a desarrollar nuestro potencial al máximo. Dios, en su sabiduría, no se equivocó. Si decidió crear al hombre y a la mujer, fue porque juntos reflejan de manera más plena su diseño divino.
Disfrutemos nuestra feminidad y permitamos a los hombres vivir su masculinidad, recordando que ambos fuimos hechos a imagen de Dios.