La cebolla, el ajo y el limón son tres elementos muy básicos en la cocina de todo el mundo. Pero, así también, la sabiduría popular atribuye a estos productos beneficios a la hora de combatir afecciones como, por ejemplo, el dolor de garganta.Los beneficios se evidencian principalmente al analizar los compuestos que estos tienen. En el caso de la cebolla, contiene fibra, potasio, vitamina C, proteínas, flavonoides y compuestos azufrados. Así, se le conceden propiedades diuréticas, digestivas, antisépticas, expectorantes, entre otras.

El ajo, por su lado, tiene proteínas, yodo, fósforo, potasio, vitamina B6 y compuestos sulfurados. Además, gracias a la alicina que contiene, se estima que ayuda a mejorar la salud cardiovascular, previene la formación de coágulos y potencia la circulación sanguínea. Otras propiedades son la regulación de la presión arterial y el colesterol.

Por el lado del limón, que contiene vitamina C, flavonoides y ácidos orgánicos, se le atribuyen propiedades antioxidantes y antibacterianas.

Un té de cebolla con ajo es consumido generalmente para prevenir las enfermedades de la gripe y la tos; y si ya se padece de gripe y tos, se puede usar para evadir los malestares que se presentan. Ahora, el limón puede aumentar los beneficios, gracias a la concentración de sus minerales, vitaminas y más nutrientes.

La siguiente receta, que resulta de la mezcla de estos tres ingredientes, además de miel y jengibre—, funciona para aliviar la irritación y el dolor de garganta, además de la tos y para expulsar mucosidad.

Ingredientes:

3 limones

3 dientes de ajo

1 cebolla colorada o perla

½ taza de miel de abeja (150 g)

1 trozo de raíz de jengibre (3 cm).

Preparación:

Pele los ajos, muélalos hasta obtener una pasta. Luego, ralle la cebolla y el jengibre encima de los ajos. A continuación, exprima el zumo de los limones y, junto con la miel, añada a la preparación, que tendrá que dejarse reposar durante ocho horas. Posteriormente, filtre el contenido y viértalo en un frasco de vidrio con tapa. Se podrá consumir durante un máximo de dos semanas, siempre que se guarde en el refrigerador.