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MI LUCHA CON LA DEPRESIÓN

MI LUCHA CON LA DEPRESIÓN

“No puede estar triste el corazón que ama a Cristo…” Las palabras de la canción que aprendí en la infancia hacían eco entre mis lágrimas y sentimientos de miseria. “Creo que no eres salva”, me dijo alguien por ahí, “porque si fueras cristiana no tuvieras depresión”. Alguien más sugirió una sesión de liberación porque esa melancolía no podía ser otra cosa que un demonio. Ahí, en el piso, rodeada de pañuelitos empapados, mi corazón se ahogaba entre sentimientos encontrados, sin ninguna esperanza.

Sí, es verdad, yo lucho con la depresión y soy cristiana. Bien cristiana. A veces mi depresión se siente como una pesada cobija que no me deja moverme, peor levantarme. Es mi aguijón en la carne, algo que le he pedido a Dios en incontables ocasiones que me quite de encima, pero Su respuesta ha sido siempre: “Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9). De hecho, la depresión forma parte de la historia de amor entre el Señor y yo, pero de eso hablaré en otra ocasión.

Como iglesia podemos hacernos de la vista gorda y responder “¡bendecidos y en victoria!” cada vez que alguien nos pregunta cómo estamos, pero la realidad es que la OMS estima que aproximadamente 300 millones de personas en el mundo sufren de depresión. Una encuesta realizada por HCJB en Instagram indica que el 93 % de los encuestados la ha vivido. ¿Queremos seguir mirando para el otro lado? Obviamente los cristianos tenemos la Palabra de Dios, la cual es nuestra autoridad y nos provee todo lo que necesitamos para la vida y piedad (2 Pedro 1:3-4). ¿Qué dice la Biblia sobre la depresión?

1. El que hablaba cara a cara con Dios sufrió depresión (Números 11:15)

El gran Moisés que vio una zarza ardiente, que vio el despliegue del poder de Dios en Egipto, que vio abrirse el mar, que vio la gloria de Dios, que su rostro brillaba, llegó al punto de desesperación en el que clamó a Dios, pidiéndole que le quitara la vida. No parecerían ser las palabras de un valiente hombre del Señor que conocía de primera mano Sus milagros.

2. El hombre conforme al corazón de Dios sufrió depresión (Salmos varios)

David lo tenía todo: era guapo, un músico talentoso, un poderoso guerrero que llevó a su ejército a múltiples victorias, un buen rey al que no le faltaban riquezas y, lo más importante, una vibrante relación con Dios. Sin embargo, en los Salmos vemos cómo lloraba día y noche (Salmos 6:6-7; 42:3). Incluso llega a decirle al Señor que quisiera ser una paloma para volar lejos y morir en el desierto (Salmo 55:6-7).

3. El gran profeta que vio caer fuego del cielo sufrió depresión (1 Reyes 18:20-19:18)

Elías oró a Dios y dejó de llover por tres años. Después vio cómo el aceite y la harina de una viuda no se acabaron durante todo el tiempo de la sequía. Para rematar, fue el instrumento del Dios Todopoderoso para humillar a los profetas del falso dios Baal. Fue testigo de cómo cayó fuego del cielo que consumió un altar empapado. Luego oró y volvió a llover. Con semejante victoria, cualquiera estaría en el éxtasis de la felicidad, pero Elías pidió morirse y se escondió en una cueva.

4. El profeta elegido desde antes de nacer sufrió depresión (Jeremías 20:14-18)

Ya quisiera yo oír a Dios decir de mí algo como lo que Él le dijo a Jeremías. El Señor lo llama, lo afirma, le promete que siempre estará con él y le anima para que no tuviera miedo (Jeremías 1:5-10). Sin embargo, el profeta que oía la voz de Dios llega al punto de maldecir el día que nació y declara su deseo por haber muerto en el vientre de su madre (Jeremías 20:14-18).

5. El gran apóstol a los gentiles sufrió depresión (2 Corintios 1:8)

Pablo, perseguidor de la iglesia, tuvo un encuentro increíble con Jesús que cambió su vida. Su labor misionera fue marcada con demostración del Espíritu y de poder (1 Corintios 2:4). Pero en su ministerio, Pablo no solo tuvo que afrontar circunstancias sumamente difíciles, sino que a eso se sumaba su ansiedad por las iglesias que había fundado (2 Corintios 11:23-28). En la “epístola del gozo” incluso confiesa que ha atravesado por tristeza sobre tristeza (Filipenses 2:27).

La pregunta seria es si Dios en algún momento desechó a alguno de estos hombres por padecer de depresión. ¡No! El Señor no se echó para atrás con ninguno de ellos ni los mandó a liberarse del “demonio”. Jamás puso en duda su salvación, servicio o autoridad. Más bien, Él mismo lidió con ellos en cada situación particular. Pero ¿qué estamos haciendo nosotros, como iglesia? En la encuesta mencionada anteriormente, el 88 % de encuestados confesaron haber ocultado su depresión de su comunidad de creyentes y el 61 % ha sentido presión por esconder su estado de ánimo. Algo me dice que necesitamos releer estos pasajes de la Escritura para que estas cifras cambien en nuestras iglesias.

Hay mucho qué decir sobre el tema de la depresión y algunos detalles quedarán para una próxima ocasión, pero, por ahora, solo quisiera decirte que, si tú estás atravesando por un período de depresión o si luchas con esta constantemente (como yo), Dios no te rechaza. Él te recibe a través de Su gracia por la obra de Cristo en la cruz y tiene un propósito para tu aflicción. Estudia las vidas de todos los hombres de Dios que menciono arriba y podrás darte cuenta de eso. Y si no tienes la experiencia de la depresión, seguramente conoces a alguien que sí se encuentra en medio de esa batalla. Busca en la Biblia la manera de animar a quienes sufren y tienen ansiedad, tal como Dios lo hace.

Quisiera contarte en el futuro más de mi testimonio y de cómo Dios me ayuda a navegar en medio de mi depresión día a día. Por lo pronto, sea cual sea tu caso, ¡no pierdas la esperanza! Dios es bueno y no deja de serlo cuando pasamos por el valle de sombra de muerte (¡qué descripción tan precisa de lo que se siente en la depresión!). “Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor” (Salmo 27:14).

 

ESCRITO POR: María del Carmen Atiaga

MI LUCHA CON LA DEPRESIÓN

20 agosto, 2020

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