14 02, 2019

Como a mí mismo

2019-07-07T04:53:22-05:0014 febrero, 19|

Quizás leyendo la Biblia te has encontrado con la frase “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Y a lo mejor te has preguntado ¿acaso puedo amar a otros si no me amo a mí mismo?

Jesús nos dice que en dos mandamientos se resume toda la ley, amar a Dios con todas nuestras fuerzas y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Quien ama desea lo mejor para el ser amado, procura su bienestar. Pero ¿qué hacer si no me siento cómod@ con mi estatura, mi nariz, mi temperamento? ¿no me amo?

La verdad creo que todos sentimos inseguridades en algún punto de nuestras vidas, y esas inseguridades nos producen rechazo hacia nosotros mismos pero pese a que no estamos conformes con partes de nuestro ser, nos alimentamos, nos vestimos, vamos al médico si enfermamos, hacemos cosas que nos hacen felices, etc. Que no nos agrade algo en nosotros no quiere decir que debido a ello no nos vamos a cuidar y eso es parte de amar.

Lo mismo sucede con nuestro prójimo pueden desagradarnos cosas en otros, incluso pueden habernos herido, pero aún así podemos desearles lo mejor, tener cuidado de ellos y ayudarlos si está dentro de nuestras posibilidades.

Aprender a amarnos de una manera saludable es vital para nuestro crecimiento espiritual y emocional, pero es un proceso que muchas veces toma toda un vida, ser conscientes de nuestros defectos y nuestras virtudes nos permite tener equilibrio y esforzarnos para ser cada día mejores, eso implica aceptarnos y superar complejos que detienen nuestro crecimiento.

El mejor ejemplo de perfecto amor es Cristo, que dio su vida por nosotros, entender y recordar eso nos da identidad, dignidad, valor y propósito.

21 12, 2018

Carta a quien perdió a su mascota

2019-07-07T23:43:31-05:0021 diciembre, 18|

Hola.

Nadie comprende lo que significa una mascota en la vida de una persona hasta que esta llega a su vida. Ellos te quieren a todas horas, te quieren, aunque estés de mal humor, aunque no tengas ganas de hablar, te quieren con dos pesos en el bolsillo o con un auto último modelo estacionado en casa.

Son como pequeños maestros con los que compartimos a lo largo de nuestra vida, aprendemos a ser mejores, a querer más y mejor. Perderlos duele, cualquier pérdida duele mucho, pero no por eso renuncies a tenerlos una y otra vez, porque el tiempo que se vive junto a una mascota, por más corto o largo que sea, justifica todo el dolor que estás sintiendo ahora.

Yo siempre pensé que tú habías rescatado a tu mascota, de no ser por ti, quién sabe en qué condiciones habría vivido, quién sabe siquiera si habría vivido más de un mes. Le diste un hogar tibio donde refugiarse, comida y amor para llenar el estómago y el corazón; y ella te llenó de enseñanzas.

Creo que hay un antes y un después, tu sensibilidad se agudizó, te convertiste en una persona más considerada, tierna y consciente de las necesidades de los demás, aprendiste a sonreír más seguido, a acariciar más despacio, y amar más de cerca. Entonces, está bien si digo, que después de todo, fue es@ pequeñ@ quién te salvo a ti.

Te quiero decir que estoy aquí para ti, disponible para escucharte, apoyarte y abrazarte cuando lo necesites. Porque por más que duela, todo sigue y tú tienes mucho por lo cual seguir caminando. Además, allá afuera hay un montón amiguitos dispuestos a quererte y ser queridos.

No te des por vencido y deja la puerta abierta para que se robe tu corazón…un nuevo ángel peludito.

30 05, 2018

Carta a mis niños.

2019-07-07T23:43:32-05:0030 mayo, 18|

No sé por dónde empezar. Me cuestiono mis decisiones pasadas, me cuestiono los momentos más bonitos de mi vida y el regalo más hermoso que sin duda he recibido: ustedes.

Son unos aventureros exploradores, fuertes, intrépidos, juguetones, luchadores, divertidos, inteligentes, inconformistas, peleones y sensibles. Son totalmente diferentes el uno del otro, pero tienen esto en común: luchan por lo que quieren.

Me encanta que sean así. Si siguen luchando con toda esta fuerza, cuando sean mayores lograrán cada uno de sus sueños.

¿Saben? A veces siento no ser capaz de ser lo mejor para ustedes, los veo ¡tan pequeños y tan grandes a la vez! Necesitan tanto de mí y yo quisiera darles el mundo entero.

Luego miro al cielo y recuerdo que Dios me trajo aquí para ustedes, o más bien a ustedes los trajo para mí; para amarme a través de sus vidas y enseñarme a ser fuerte, valiente y buena.

Son mi mayor enseñanza de amor.

Me enseñan tantas cosas, a amar, a perdonar. Son mi motor al despertar, me enseñan a ser mejor  para poder darles lo mejor. No soy perfecta, y les pido perdón por las veces en que me equivoco; pero de algo pueden estar seguros, los amo, y cuidare de ustedes, aun cuando sus manos ya sean más grandes  y un día ya no vivan en esta casa.

Mientras tanto, rían, corran y disfruten, sean responsables y esforzados, pero sobre todo, sean felices.

Dios y yo, siempre estaremos aquí para acompañarlos, animarlos, abrazarlos y consolarlos.

Los amo.

29 05, 2018

AMAR Y PERDONAR… COSA FACIL PARA LOS NIÑOS, TAREA ARDUA PARA NOSOTROS

2018-05-29T08:45:27-05:0029 mayo, 18|

 

Una muñeca rota, un avión no compartido, una mueca de desagrado o una palabra de rechazo, no bastaba para dejar de amar, para guardar rencor en el corazón y no perdonar jamás. La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir.

Por más memoria que entretejí no recuerdo haber albergado odio alguno en mi niñez; tal vez temor, pero odio nunca. Las riñas, las palabras hirientes, las malas caras entre hermanas, primos, amigos o compañeros contemporáneos, pasaban en cuestión de minutos y seguíamos con la magia de conquistar la vida entre juegos y aventuras. La lealtad fluctuaba por la conveniencia de la querella pero a la final todos disfrutábamos de la cercanía del otro, sin hacernos verdadero daño.

¡Qué tiempos aquellos donde la infancia era la bandera para amar y perdonar! Ahora que hemos dejado de ser niños el desafío de ser como ellos nos queda grande. Jesús en libro de Mateo menciona que el reino de los cielos es de quienes son como los niños. Y es que los niños en su temprana edad y en su inocencia natural, no conocen los vicios y pecados que nosotros los adultos ya albergamos dentro.

Entre más crecemos, más complejo nos es amar y perdonar. El mundo nos va amoldando y alejando de ese estado de bendición en el que Dios nos guardaba cuando éramos niños; y a manera de protección o por puro orgullo edificamos fortalezas erróneas que son impedimento para poder perdonar y amar a alguien, sobre todo a alguien que no lo merece, según nuestro juicio.

Perdonar y Amar a quien nos ha herido, a quién ha levantado mentiras contra nosotros, a quien nos ha causado un gran daño, o a quien nos ha jurado cuidarnos, amarnos bajo pacto… y no lo ha hecho…, es complejo; pero no imposible. Tal vez no podamos lograrlo con la facilidad que perdona y vuelve amar un niño; pero con ayuda del Espíritu Santo que mora en nosotros el dolor desaparece y nos da la certeza de que el verdadero gozo radica en el nivel de intimidad, de cercanía que experimentemos con Jesús.