Reto de 10 días sobre el perdón.
Tanto decir “perdóname” como decir “te perdono” debería implicar un cambio real en el corazón. Sin embargo, con el tiempo hemos hecho de estas frases algo ligero, casi automático. La decimos para evitar una discusión, para cerrar un tema o como excusa para no hablar más de lo sucedido. Pero el perdón no es una fórmula vacía, es un compromiso.
Cuando digo “perdóname”, en realidad estoy reconociendo mi error y asumiendo la responsabilidad de cambiar mi actitud. Cuando digo “te perdono”, estoy liberando a la otra persona de la culpa y decidiendo no aferrarme a la ofensa. Usar esta palabra sin oración, sin reflexión y sin sinceridad la convierte en un ruido al viento que no transforma nada.
Jesús nos enseñó sobre la integridad de lo que hablamos: “Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea realmente sí; y cuando digan ‘no’, que sea no” Mateo 5:37 Nuestras palabras tienen peso, y el perdón debe reflejar lo que ocurre en lo profundo del corazón.
No uses la palabra perdón como un adorno o un escape rápido. Haz que cada vez que la pronuncies vaya acompañada de fe, sinceridad y un cambio verdadero.


