Siempre me han llamado poderosamente la atención aquellas iniciativas e ideas locas que se proponen para dar a conocer la música y sus virtudes. Resulta que, en España, 52 músicos, repartidos en tres niveles en una estructura metálica de diez metros de altura, interpretaron el primer concierto vertical de música clásica. Este reto fue presentado por la Orquesta Filarmónica de España, para acercar la música de altura al gran público. En otras palabras, fue un concierto vertical para un público horizontal, todo un espectáculo.

Esto me pone a pensar que el hombre no puede desligar su vida espiritual de la vida relacional con su familia. La vida de un hijo de Dios se caracteriza por ser tanto vertical en su relación con Dios, como horizontal en su relación con los demás. Nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero, esa es una gran verdad. La Biblia nos recuerda que debemos amarnos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

Dios nos dice que nos creó para que tengamos una comunión eterna con Él, paz para con los demás hombres, armonía y gozo en nuestras relaciones familiares. También nos invita a poner por obra la solidaridad y el compartir con aquel que carece de lo más elemental para su día a día. Como vemos, es un amor en dos sentidos: uno vertical y otro horizontal. Es otra forma muy original y divina para dar a conocer el amor de Papá Dios.

MDC/ag