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LA TÁCTICA DEL AGRADECIMIENTO PARA CORAZONES OLVIDADIZOS

LA TÁCTICA DEL AGRADECIMIENTO PARA CORAZONES OLVIDADIZOS

Cuando tenía diecisiete años fui a estudiar por un año en Estados Unidos. Era un deseo que había sido esperado, alimentado y puesto en oración. Dios había permitido y ordenado mi viaje. Ahora, solo tenía que disfrutar de la aventura.

Después de un mes, durante mi primera semana en otro país, lejos de mi familia, de mis amigos y de todo lo que había conocido hasta ese momento, caí en una profunda tristeza. Y comencé a cuestionar a Dios. Lo que en un principio parecía un milagroso regalo ahora se sentía como la peor decisión de mi vida. Poco sabía que durante ese tiempo Dios estaba preparando mi corazón para conocer verdaderamente al Salvador.

¿Has pasado por situaciones o momentos en los que has recibido una bendición y luego la reniegas? ¿Piensas que no fue lo mejor para ti y cuestionas a Dios? ¿Te has olvidado de lo que te ha dado y has puesto tus ojos en lo que no tienes? ¿Miras el pasado con añoranza y desprecias el presente?

Eso le pasó a Israel. Después de muchos años esclavizados a mano de los egipcios, el clamor y los gemidos del pueblo llegó a Dios (Ex 2:23-24). La Biblia dice que Dios envió a Moisés y a Aarón como sus mensajeros frente a Faraón para traer liberación al pueblo. En resumen, Faraón se negó a dejar ir a los israelitas, Dios envió diez plagas para demostrar su gloria y poder, Faraón cambió de opinión muchas veces y finalmente, después de la décima plaga, Faraón dejó ir al pueblo. Lo que fue imposible para el hombre fue pan comido para Dios. El reino más grande de la época sobre la faz de la tierra había sido aniquilado bajo la mano del Todopoderoso. Todos los pueblos alrededor contarían de este suceso por generaciones.

Después de cruzar el mar Rojo, con el ejército egipcio hundido bajo sus aguas, los israelitas entonaron un canto triunfal en Éxodo 15. Algunas de sus declaraciones fueron:

2 Mi fortaleza y mi canción es el Señor, y ha sido para mi salvación. 6 Tu diestra, oh Señor, majestuosa en poder. 13 En tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido 17 Tú los traerás (al pueblo de Israel) y los plantarás en el monte de tu heredad.

Ahora vivían seguros de que Dios los había salvado, ¿o no?

Aquí viene la parte fea. En el versículo 22 comienzan las quejas, la primera murmuración contra Moisés fue porque no tenían que beber. ¿Acaso no confiaban hace unos segundos que Dios era el que los había salvado? ¿Acaso no era lo suficientemente poderoso para darles agua? No. Su corazón dictaminó que la mejor solución era quejarse en vez de confiar.

La segunda vez que se quejan ya no es contra Moisés sino contra Dios, el mismo Salvador de quien estaban cantando en el capítulo anterior, aquel que los había rescatado con maravillas y milagros. Aquel a quien con sus propios ojos habían visto desplegar su poder después tantos años orando por un milagroso rescate.

Éxodo 16: 3 dice :

“Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos. Ahora nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”.

Los israelitas no recuerdan el suplicio y el dolor que vivían con los egipcios, minimizan la bondad y la misericordia del Señor y se dedican a idealizar su pasado y a pensar en las ollas de carne. Incluso afirman que hubiera sido mejor morir con los egipcios en el juicio que Dios trajo a esa nación pagana. Su corazón rebosa de ingratitud, descontento, recriminación y olvido.

Aquí tenemos la tentación de decir israelitas tontos. Pero querido lector ¿acaso no somos así? Olvidamos fácilmente lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, alzamos nuestro dedo y decimos “quiero más” o “esto realmente no es lo que esperaba/quería”.

¿Cómo batallamos con un corazón olvidadizo y, por lo tanto, desagradecido?

1. Recuerda quién es Dios:

Él no se ha olvidado de ti. Él sigue en el trono. Él sigue en control. Corre a la Biblia y apréndete sus cualidades. No puedes conocer a Dios si no estás con Él. Aquí te dejo unos versículos para que subrayes y a un lado pongas un signo de exclamación (!) cada vez que veas una de Sus características: Éxodo 34:6, Salmo 18, 24, 28, 33, Mateo 19:26.

2. Recuerda las bendiciones, los beneficios y la bondad que ha mostrado en tu vida:

Me encanta el Salmo 103. Subraya y exclama en voz alta todo lo que el Señor te ha dado. En una hoja escribe el salmo y en la parte de atrás recuerda las bendiciones a tu vida.

3. Cultiva la disciplina de agradecer:

El agradecimiento no viene de forma natural. Enseña a tu mente y a tu corazón a perseverar en esta disciplina. Es la mejor manera para batallar contra la queja. Cada día escribe tres cosas por las que estás agradecido y comparte con alguien. Mira el ejemplo de David en los siguientes salmos: 9, 28,30, 67.

4. Examina tu actitud cuando mires al pasado:

Toma a la mujer de Lot como ejemplo. Añoraba volver a Sodoma y Gomorra a pesar de que Dios la iba a destruir. Podemos ver al pasado en gratitud por lo que Dios ha hecho o podemos idealizarlo y compararlo con nuestra situación actual. Lo único que esto producirá será queja, ingratitud y amargura. Lee Eclesiastés 7.

5. Mide tu orgullo:

Por eso murmuramos contra Dios antes de orar a Dios. Pensamos que merecemos lo que tenemos y no recordamos que todo proviene de Su gracia. Mi jefe sabe decir, “todo lo que no sea la ira de Dios, es gracia”. Que nuestra boca y actitud hable en humildad, incluso si deseamos algo, sabemos que tenemos un Padre en los cielos que nos dará todas las cosas que necesitemos.

6. Busca personas que te recuerden lo que Dios ha hecho en tu vida.

Moisés y Aarón fueron esas personas. Ellos confrontaron a los israelitas por su actitud. Debemos rodearnos de personas que aman a Dios y están dispuestas a decirnos cuando somos desagradecidos o cuando nos olvidamos de Su bondad.

Finalmente, espera y alaba. Dios sabe qué es lo mejor para nuestras vidas y si te ha dado algo por lo que habías orado y ahora no lo quieres o no era lo que esperabas, debes recordar que un Dios bueno y sabio ha decidido que es lo mejor para ti.

 

ESCRITO POR: Gabriela Puente

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